Salmos
Capítulo 49
La inconsistencia humana
Escuchen esto, todos los pueblos,
escúchenlo, habitantes del orbe;
tanto los humildes como los poderosos, lo mismo el rico que el pobre:
Mi boca hablará sabiamente y mi corazón susurrará con sensatez;
prestaré mi oído al proverbio expondré mi enigma con la cítara.
¿Por qué voy a temer los días aciagos, cuando me cerque la maldad de los tramposos,
que confían en su fortuna y alardean de sus inmensas riquezas?
¡Ay, nadie puede librarse ni pagar a Dios su rescate!,
es tan caro el precio de la vida, que jamás podrán pagarlo.
¿Podrá vivir eternamente sin tener que ver el sepulcro?
Mira, los sabios mueren lo mismo que perecen ignorantes y estúpidos, y legan sus riquezas a extraños.
El sepulcro es su morada perpetua, su habitación por generaciones, aunque hayan dado su nombre a países.
El hombre apenas pasa una noche en la riqueza: se parece a los animales que enmudecen.
Éste es el camino de los arrogantes, el final de los jactanciosos:
como ovejas, son recogidos en el Abismo, la Muerte los pastorea, bajan derecho a la tumba, su figura se desvanece y el Abismo es su mansión.
Pero Dios rescatará mi vida, me arrancará de las garras del Abismo.
No temas si alguien se enriquece y aumenta el lujo de su casa,
cuando muera no se llevará nada, su lujo no bajará con él.
En vida se felicitaba: ¡Te aplauden porque te va bien!,
se reunirá con sus antepasados que jamás ven la luz.
El hombre rico no comprende: se parece a los animales que enmudecen.

Comentarios
La inconsistencia humana
Salmo sapiencial. Un nuevo díptico, precedido de un preludio (2-5). Cada tabla, que se cierra con una antífona (13.21), se estructura en dos estrofas: A. La ilusión de las riquezas (6-9). B. La voracidad del abismo (10-12). B’. La voracidad del abismo (14-20). A’. La ilusión de las riquezas (17-20). El autor es consciente de que propone un «proverbio», que es este: «El ser humano, apenas pasa una noche en la riqueza, se parece a las bestias que enmudecen» (13-21). Su enseñanza es también «enigma» (5), que es este otro: ¿Quién podrá pagar lo que vale la vida, de modo que sea rescatada? El tema del rescate es reiterativo (8,9,16). Nacemos desnudos y morimos sin nada. Las riquezas no pueden ser el rescate de la vida. Existen dos confianzas opuestas: la confianza en las riquezas y la confianza en Dios (6-9). Quien confía en Dios no tiene de qué temer (6,17). Solo Dios puede pagar el rescate (16). Las riquezas son pura ilusión. Los parabienes que el rico recibía mientras vivía no le impedirán reunirse con sus antepasados (17-20). Para el rescate de la muerte (cfr. Rom 8,21-23), Jesús mismo se da en rescate (Heb 9,12). Este salmo es apropiado para orientar nuestra vida: que no sea pastoreada por la Muerte, sino por el buen Pastor.