2

Piedad, oh Dios, que me refugio en ti

Piedad de mí, oh Dios, piedad,

que me refugio en ti;

me refugio a la sombra de tus alas,

hasta que pasa la calamidad.

3

Invoco al Dios Altísimo, al Dios Altísimo, mi vengador.

4

Envíe desde el cielo para salvarme de los insultos de mis perseguidores, envíe Dios su amor y su fidelidad.

5

Yo he de acostarme entre leones que devoran seres humanos; sus dientes son lanzas y flechas, su lengua una espada afilada.

6

Tu grandeza, oh Dios, sobre los cielos, tu gloria, sobre toda la tierra.

7

Han tendido una red a mis pasos, un lazo a mi cuello; han cavado ante mí una fosa, ¡caigan dentro de ella!

8

Mi corazón está firme, oh Dios, mi corazón está firme: cantaré y tocaré.

9

¡Despierta, gloria mía! ¡Despierten, cítara y arpa! Despertaré a la aurora.

10

Te daré gracias entre los pueblos, Señor, tocaré para ti entre las naciones:

11

por tu amor, que sobrepasa el cielo, por tu fidelidad, que alcanza las nubes.

12

Tu grandeza, oh Dios, sobre los cielos, tu gloria, sobre toda la tierra.

Comentarios

57:2 - 57:12

Piedad, oh Dios, que me refugio en ti

Súplica en el peligro (2-5) con promesa de acción de gracias (7-11). El estribillo en medio y al final del salmo (6.12). El tiempo –noche y mañana– caracteriza los dos momentos del salmo. Un contraste: el Dios Altísimo (3) –cuya grandeza supera la altura de los cielos (6a.11a.12a)–, y la postración entre leones (5), que es el lugar desde donde se eleva la súplica repetida: «piedad de mí…» (2). Es decir, se pide que Dios se incline. Antes de que esto suceda, el perseguido ha de pasar la noche en el Templo, a la sombra de las alas de Dios (2b). El Altísimo despacha a dos de sus delegados: el amor y la fidelidad, para salvar al perseguido (4). Pero no es suficiente. El orante necesita la presencia divina, que llegará por la mañana. Vendrá el «Vengador». Pero la noche es demasiado larga. Por eso, el perseguido, impaciente, pretende acelerar la llegada de la aurora con su música. Que todo esté en pie y preparado para festejar a la luz liberadora que llega: a Dios. El tema de la grandeza o elevación de Dios late en Jn 8,23.38. Este salmo puede ser la oración de quien espera, con entera confianza, que pase la calamidad. La gloria del Altísimo llena la tierra.


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