1

Elogio a la ley divina

A 1Dichosos los de conducta intachable,

que siguen la voluntad del Señor.

2

Dichosos los que guardan sus preceptos, y lo buscan de todo corazón;

3

los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.

4

Tú mandaste que tus decretos se observen exactamente.

5

Ojalá estén firmes mis caminos para cumplir tus órdenes.

6

Entonces no quedaré defraudado al fijarme en tus mandatos.

7

Te daré gracias con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos.

8

Quiero cumplir tus órdenes ¡No me abandones, oh Dios grande e inmortal!

9

B 9¿Cómo limpiará un joven su sendero? –Observando tu palabra.

10

Te busco de todo corazón: no me desvíes de tus mandatos.

11

Guardo en mi corazón tu promesa para no pecar contra ti.

12

¡Bendito eres, Señor!, enséñame tus normas.

13

Mis labios recitarán todo lo que manda tu boca.

14

En el camino de tus preceptos disfruto más que con cualquier fortuna.

15

Voy a meditar tus decretos y a fijarme en tus senderos.

16

Me complazco en tus órdenes: no me olvido de tus palabras.

17

G 17Cuida de tu servidor y viviré para cumplir tu palabra.

18

Abre mis ojos y contemplaré las maravillas de tu ley.

19

Soy peregrino en la tierra: no me ocultes tus mandatos.

20

Mi vida se consume deseando siempre tus mandamientos.

21

Amonesta a los malditos soberbios que se apartan de tus mandatos.

22

Retira de mí el insulto y el desprecio, porque guardo tus preceptos.

23

Aunque los poderosos conspiren contra mí, tu siervo medita tus órdenes.

24

También tus preceptos son mi delicia, son mis consejeros.

25

D 25Estoy abatido en el polvo: reanímame según tu palabra.

26

Te conté mis andanzas y me respondiste: enséñame tus estatutos.

27

Indícame el camino de tus decretos, y meditaré tus maravillas.

28

Mi cuerpo se encorva por la tristeza, sostenme con tu palabra.

29

Aléjame del camino de la mentira y dame la gracia de tu voluntad.

30

He escogido el camino de la lealtad, he elegido tus mandamientos.

31

Me adhiero a tus preceptos, Señor, no me defraudes.

32

Por el camino de tus mandatos correré cuando me ensanches el corazón.

33

H 33Muéstrame, Señor, el camino de tus estatutos y lo seguiré hasta el final.

34

Enséñame a cumplir tu voluntad y a observarla de todo corazón.

35

Encamíname por la senda de tus mandatos, porque en ella me deleito.

36

Inclina mi corazón hacia tus preceptos y no a ganancias injustas.

37

No dejes que mis ojos se fijen en la mentira, reanímame en tu camino.

38

Mantén a tu siervo la promesa porque te reverencio de verdad.

39

Aleja el ultraje que me aterra; pues tus mandamientos son buenos.

40

Mira cómo deseo tus decretos; con tu justicia dame vida.

41

W 41Señor, lleguen hasta mí tu amor y tu salvación, según tu promesa,

42

así responderé al que me insulta que confío en tu palabra.

43

No apartes de mi boca la palabra veraz –oh Dios, grande e inmortal–, pues espero en tus mandamientos.

44

Que cumpla tu voluntad, Dios eterno, por siempre jamás;

45

y camine en libertad, buscando tus decretos.

46

Que hable de tus preceptos ante reyes sin sentir vergüenza,

47

y me deleite en tus mandatos que tanto amo.

48

Alzaré las palmas hacia tus amados mandatos y meditaré tus normas.

49

Z 49Recuerda la palabra dada a tu siervo, de la que hiciste mi esperanza.

50

Éste es mi consuelo en la aflicción: que tu promesa me da vida.

51

Los soberbios me insultan, –oh Dios, grande e inmortal–, pero no me aparto de tu voluntad.

52

Recordando tus antiguos mandamientos, Señor, quedé consolado.

53

Me enfurezco contra los malvados que abandonan tu ley.

54

Tus normas eran mi música en tierra extranjera.

55

De noche recuerdo tu Nombre, Señor, en las vigilias, tu voluntad.

56

Ésta es mi tarea: observar tus decretos.

57

H 57He resuelto, Señor, que mi herencia sea observar tus palabras.

58

Busco denodadamente tu rostro, apiádate de mí según tu promesa.

59

He examinado mi proceder, para retornar a tus preceptos.

60

Me doy prisa, no difiero la observancia de tus mandatos.

61

Los lazos de los malvados me envolvían, pero no olvidé tu ley.

62

A medianoche me levanto para darte gracias por tus justos mandamientos.

63

Soy amigo de quienes te respetan, de los que guardan tus decretos.

64

Señor, de tu amor está llena la tierra: enséñame tus normas.

65

T 65Trataste bien a tu siervo, Señor, según tu palabra.

66

Enséñame a discernir y entender, porque confío en tus mandatos.

67

Antes de la humillación, erraba pero ahora cumplo tu instrucción.

68

Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus leyes.

69

Unos soberbios me difaman con mentiras; pero yo guardo de corazón tus decretos.

70

Como grasa se ha embotado su corazón, pero yo me deleito en tu voluntad.

71

Me vino bien haber sido humillado, así aprendí tus órdenes.

72

Es más valiosa la ley de tu boca que mil monedas de oro y plata.

73

Y 73Tus manos me hicieron y me plasmaron, instrúyeme y aprenderé tus mandatos.

74

Me miran los que te respetan y se regocjan, porque he confiado en tu palabra.

75

Señor, bien sé que tus mandamientos son justos, que con razón me humillaste.

76

Que tu amor sea mi consuelo según prometiste a tu siervo.

77

Que me alcance tu compasión, y viviré, porque tu ley es mi delicia.

78

Sean confundidos los orgullosos que me calumnian, yo meditaré tus decretos.

79

Vuelvan a mí los que te honran: que conozcan tus preceptos.

80

Sea mi corazón íntegro en tus normas, así no quedaré avergonzado.

81

K 81Mi vida desfallece por tu salvación, espero en tu palabra.

82

Mis ojos languidecen por tu promesa: ¿cuándo me consolarás?

83

Aunque era como un odre ahumado, no olvidaba tus leyes.

84

¿Cuántos serán aún los años de tu siervo? ¿Cuándo juzgarás a mis perseguidores?

85

Me han cavado una fosa los soberbios, que no están de acuerdo con tu ley.

86

Todos tus mandatos son verdaderos; sin causa me persiguen, socórreme.

87

Casi me eliminaron de la tierra, pero no abandoné tus decretos.

88

Por tu amor dame vida y guardaré la instrucción de tu boca.

89

L 89Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo;

90

tu fidelidad, por generaciones, afianzaste la tierra y está firme:

91

por tu disposición se mantienen hasta hoy, pues todo está a tu servicio.

92

Si tu voluntad no fuera mi delicia, habría perecido en mi aflicción.

93

Jamás olvidaré tus decretos, pues con ellos me vivificas.

94

Tuyo soy, sálvame, que busco tus normas.

95

Me acechan los malvados para perderme, pero yo medito tus preceptos.

96

He visto límites en todo lo perfecto, pero, ¡qué inmenso es tu mandato!

97

M 97¡Cómo amo tu voluntad!, la medito todo el día.

98

Tus mandatos me hacen más hábil que mis enemigos, siempre van conmigo.

99

Soy más sagaz que todos mis maestros, porque medito tus preceptos.

100

Soy más sabio que los ancianos, ya que observo tus decretos.

101

Alejo mis pies de toda senda mala, para observar tu palabra.

102

No me aparto de tus mandamientos porque tú me has instruido.

103

¡Qué dulce es tu promesa al paladar, más que miel a la boca!

104

Reflexiono sobre tus decretos, por eso odio toda senda falsa.

105

N 105Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mis senderos.

106

He jurado, y lo ratifico: cumpliré tus justos mandamientos.

107

Estoy sumamente afligido, vivifícame, Señor, según tu palabra.

108

Acepta, Señor, las ofrendas de mi boca y enséñame tus mandamientos.

109

Mi vida está siempre en mis manos, pero no olvido tu ley.

110

Los malvados me ponen trampas, yo no me desvío de tus decretos.

111

Tus preceptos son mi herencia perpetua, son el gozo de mi corazón.

112

Inclino mi corazón a cumplir tus normas, que son mi recompensa eterna.

113

S 113Detesto a los inconstantes y amo tu voluntad.

114

Tú eres mi refugio y mi escudo: confío en tu palabra.

115

Apártense de mí, perversos, y cumpliré los mandatos de mi Dios.

116

Sostenme con tu promesa y viviré, no defraudes mi esperanza.

117

Respáldame y estaré a salvo y me fijaré siempre en tus normas.

118

Repudias a quienes se apartan de tus normas, porque falaz es la astucia.

119

Rechazas como escoria a todos los malvados de la tierra, por eso amo tus preceptos.

120

Mi cuerpo tiembla aterrorizado por ti y me estremecen tus mandamientos.

121

Practico la justicia y el derecho: no me entregues a mis opresores.

122

Sal fiador por tu siervo, que no me opriman los soberbios.

123

Mis ojos se languidecen por tu salvación y por tu promesa de justicia.

124

Trata a tu siervo según tu amor y enséñame tus normas.

125

Soy tu siervo, instrúyeme, y comprenderé tus preceptos.

126

Es hora de actuar, Señor, han quebrantado tu ley.

127

¡Oh Dios altísimo y fiel, yo amo tus mandatos más que el oro puro!

128

¡Oh Dios altísimo y fiel, considero rectas todas tus normas y detesto toda senda engañosa!

129

P 129Tus preceptos son admirables: por eso los guarda mi alma.

130

La explicación de tu palabra ilumina, instruye a los inexpertos.

131

Jadeo con la boca abierta, anhelando tus mandatos.

132

Vuélvete a mí con piedad, como haces con quienes te aman.

133

Afirma mis pasos según tu promesa, que no me domine maldad alguna.

134

Líbrame de la opresión de los hombres, y guardaré tus decretos.

135

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo y enséñame tus leyes.

136

Ríos de lágrimas vierten mis ojos porque no se guarda tu ley.

137

S 137Tú eres justo, Señor, y recto en tus juicios.

138

Justamente prescribes preceptos, sumamente estables.

139

Me consumo de celo porque mis enemigos olvidan tus palabras.

140

Purísima es tu promesa, y tu siervo la ama.

141

Soy pequeño y despreciable, mas no olvido tus decretos.

142

Tu justicia es justicia eterna, y tu ley es auténtica.

143

Aunque me alcancen la angustia y la opresión, tus mandatos son mi delicia.

144

Tus preceptos son justos por siempre; instrúyeme y viviré.

145

Q 145Clamo de todo corazón, respóndeme, Señor, y guardaré tus normas.

146

Te invoco, sálvame, y observaré tus preceptos.

147

Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, esperando tus palabras.

148

Mis ojos se adelantan a las vigilias, meditando tu promesa.

149

Por tu amor escucha mi voz, Señor, vivifícame según tu justicia.

150

Me cercan los seguidores de los ídolos, y se alejan de tu ley.

151

Tú, Señor, estás cerca y todos tus mandatos son auténticos.

152

Desde hace tiempo estableciste tus preceptos para siempre.

153

R 153Mira mi aflicción y líbrame, pues no olvido tu voluntad.

154

Defiende mi causa y rescátame, vivifícame conforme a tu promesa.

155

Tu salvación está lejos de los malvados, porque no buscan tu ley.

156

Grande es tu ternura, Señor, vivifícame según tu justicia.

157

Muchos son mis perseguidores y adversarios, pero yo no me aparto de tus preceptos.

158

Veo a los renegados y siento asco, porque no observan tus instrucciones.

159

Mira cómo amo tus decretos; Señor, vivifícame según tu amor.

160

El compendio de tu palabra es la verdad, son eternos tus justos mandamientos.

161

S 161Los poderosos me persiguen sin motivo; mi corazón tiembla por tus palabras.

162

Yo me alegro de tu promesa, como el que obtiene un rico botín.

163

Detesto y aborrezco la mentira, amo tu voluntad.

164

Siete veces al día te alabo por tus justos mandamientos.

165

Mucha paz tienen los que aman tu ley, nada los hace tropezar.

166

Espero tu salvación, Señor, y cumplo tus mandatos.

167

Yo observo tus preceptos, los amo intensamente.

168

Guardo tus preceptos y decretos, ¡todos mis caminos están ante ti!

169

T 169Llegue mi clamor a tu presencia, Señor, instrúyeme con tu palabra.

170

Llegue mi súplica a tu presencia: líbrame según tu promesa.

171

Brote de mis labios la alabanza, pues me enseñaste tus normas.

172

Proclame mi lengua tu promesa pues todos tus mandatos son justos.

173

Que tu mano me auxilie, pues he elegido tus decretos.

174

Anhelo tu salvación, Señor, tu voluntad es mi delicia.

175

Que yo viva para alabarte; que tu mandamiento me auxilie.

176

Si me extravié como oveja descarriada, busca a tu siervo. ¡No. No olvido tus mandatos!

Comentarios

119

Elogio a la ley divina

Este larguísimo salmo es una meditación sapiencial centrada en la Ley. El autor recurre a todos los artificios del lenguaje para confesar su amor a la Ley. Veintidós estrofas, tantas como las letras del alfabeto hebreo. Cada estrofa tiene ocho versos y ocho sinónimos de la Ley. El número siete ya indica plenitud. Si se añade una unidad más (7+1), no puede decirse: es la perfección suma. Los versos de cada estrofa comienzan con la misma letra. De modo que, desde la primera hasta la última letra del alfabeto hebreo, todo el vocabulario humano está al servicio de un amor que excede a cualquier otro amor: el amor a la Ley de Dios, o mejor, el amor al Dios de la Ley. El lector encontrará en este salmo una sucesión ininterrumpida de géneros literarios: meditaciones, súplicas, breves lamentaciones, declaraciones de confianza e inocencia, acción de gracias, alabanza, etc. Dios es el interlocutor constante del salmista; se dirige a Él en segunda persona. Las repeticiones son inevitables. El artificio literario del acróstico forzará algunas estrofas. Encontraremos expresiones tópicas, presentes en otros salmos; pero también pasajes de gran belleza literaria y alta inspiración poética. Muchos títulos, símbolos y privilegios de este salmo se aplican a Cristo: Luz, agua de la roca, camino. La gran enseñanza/revelación (Torá) de Dios es Jesús. Podemos poner su nombre donde leemos la ley o sus sinónimos.
Pascal comenzaba su jornada orando con una estrofa de este salmo. Así confesaba su amor a Dios. Es lo que nos propone la Iglesia en la Liturgia de las Horas: cada día, a mediodía, nos ofrece una estrofa de este salmo. Con esa estrofa proclamamos nuestro amor al Dios de la Ley, y su Palabra definitiva: el Señor, que es la ratificación de las promesas divinas.

119:1 - 119:8

A

Elogio a la ley divina:
Dichosos los de conducta intachable
Esta primera estrofa es programática. El verbo «aprender» (7) aparecerá otras dos veces en el salmo (71.73); el verbo «observar» es persistente (4.5.8.9.17.34.44.57.60.63.67.88.101.106.134.136.146.158.167.168); el sustantivo «corazón/mente» retornará quince veces a lo largo del salmo (2.7.10.11.32.34.36.58.69.70.80.111.112.145.161); el tema del camino/conducta es frecuente (en esta primera estrofa hasta tres veces) … Desde el comienzo del salmo se proclama la bienaventuranza de quien ajusta su vida a la Ley. La consecuencia de este proceder aparece en el versículo 6. El «tú» divino aparece en el versículo 4. Todo el salmo se encuentra bajo la proclamación de la dicha inicial y constituye una incesante profesión de amor al Dios de la Ley, cuya compañía es necesaria para caminar según su divino querer: «¡No me abandones, oh Dios grande e inmortal!» (8b).

119:9 - 119:16

B

Elogio a la ley divina:
¿Cómo limpiará un joven su senda?
Los mandatos proceden de la «boca» de Dios (13b), se han adentrado en lo más profundo de la intimidad humana, en el corazón (11), que busca a Dios y su ley como en la estrofa anterior (2.10). Han venido a la lengua como susurro (15) y son contados por los labios (13a). Así se limpia el sendero (9), que se convierte en sendero divino (15b), y se disfruta de la felicidad interior (14.18). ¡Bendito seas, Señor!

119:17 - 119:24

G

Elogio a la ley divina:
Cuida de tu siervo
El «siervo» al servicio de tan gran señor es un peregrino en busca de asilo. Medita la ley ante Dios (nótese la presencia de los imperativos). En otros lugares del salterio se dice «no me ocultes tu rostro»; aquí, «no me ocultes tu ley», que es consejero íntimo como en Sal 16,7 lo es Dios. En este clima sereno se hacen presentes enemigos, arrogantes y murmuradores. El siervo reacciona meditando las órdenes divinas.

119:25 - 119:32

D

Elogio a la ley divina:
Mi aliento está pegado al polvo
Una bella oración es contarle a Dios nuestras andanzas. El piadoso, que está en camino, se halla postrado por una grave enfermedad: está pegado al polvo. Pero su adhesión es más profunda. En realidad, está adherido a los preceptos divinos. Así, el camino, mencionado tres veces en esta estrofa, es luminoso.

119:33 - 119:40

H

Elogio a la ley divina:
Enséñame, Señor, el camino de tus estatutos
El salmista pide y Dios actúa. Dios, en efecto, es el sujeto de los verbos con los que se inician siete versos de esta estrofa. La mala inclinación del corazón humano (cfr. Jr 22,17) es enderezada por Dios. Así, el hombre no buscará el lucro ni se fijará en los ídolos (en la Mentira). Guiado por Dios, el hombre llegará a la vida vinculada al camino (cfr. 37; Prov 4,10-27).

119:41 - 119:48

W

Elogio a la ley divina:
Que me llegue tu misericordia, Señor
Aunque esta estrofa parece resaltar el protagonismo del hombre, al menos en la formulación de propósitos, en realidad está encabezada por el amor y la salvación divinos. En el versículo 43 retoma el vocativo de la primera estrofa: «¡Oh Dios grande e inmortal!», y en el versículo 44 otro vocativo: «Dios eterno». Los mandatos, amados y deleite del salmista, le dan libertad al orante (como en el versículo 32) para dirigirse a los reyes y hablarles.

119:49 - 119:56

Z

Elogio a la ley divina:
Recuerda la palabra que diste a tu siervo
En esta estrofa destaca el recuerdo. Dios recuerda su palabra para cumplirla. El salmista recuerda la ley constantemente. Se reitera el vocativo, «oh Dios grande e inmortal», ahora ante los insolentes. Con la cercanía de tan gran Dios, el enamorado de la ley podrá mantenerse en su camino, enfurecerse contra los malvados y cantar en el destierro.

119:57 - 119:64

H

Elogio a la ley divina:
Mi porción es el Señor
El tema más destacado de esta estrofa es el amor. El amor divino llena la tierra. Dios es la heredad del salmista, como lo es del levita. El amor es presuroso. El salmista también se apresura a guardar los mandamientos divinos. El amor sufre por la ausencia de la persona amada: el salmista quiere «congraciarse» con Dios, retornando a Él; el amor une a quienes son semejantes: «Soy amigo de quienes te respetan».

119:65 - 119:72

T

Elogio a la ley divina:
Trataste bien a tu siervo
Dios es bueno y benevolente. Lo que procede de Él, aunque sea el castigo correctivo, es bueno. Los orgullosos, por el contrario, «embadurnan» a los demás con sus mentiras y son incapaces de hacer el bien, pues tienen un corazón obstinado. En definitiva, la ley es mejor, o más valiosa que la mucha riqueza.

119:73 - 119:80

Y

Elogio a la ley divina:
Tus manos me hicieron y me afirmaron
Dios es el creador del hombre y está comprometido con él. Lo primero que hace es enseñarle; si se extravía, le mostrará su misericordia y compasión; si la fidelidad le aflige (74s), la compasión divina le hará revivir. Retornan los «fieles» y los «insolentes». Los primeros son amigos del salmista (cfr. 63). Los insolentes quedarán avergonzados.

119:81 - 119:88

K

Elogio a la ley divina:
Mi aliento se consume por tu salvación
Se vuelve densa la presencia de los enemigos, que persiguen, ponen trampas y casi logran lo que pretenden. El salmista tiene otros «dolores» o preocupaciones más íntimos: desfallecimiento ante la salvación, languidez ante la promesa. Espera que el amor divino le dé vida: la que está amenazada por los enemigos y aquella por la que él suspira.

119:89 - 119:96

L

Elogio a la ley divina:
Tu palabra, Señor, está firme por siempre
Ésta es la estrofa de la estabilidad y la eternidad, en contraste con la condición caduca del hombre. Estable y eterna es la palabra del Señor, estable en la tierra y duradera en el cielo. El hombre, por el contrario, perece por el sufrimiento y la persecución de sus enemigos. Necesita que Dios lo salve y lo mantenga con vida. Con este auxilio nunca olvidará los decretos divinos. La eternidad celebrada conduce al salmista hasta la inmensidad de Dios: «¡Qué inmenso es tu mandato!».

119:97 - 119:104

M

Elogio a la ley divina:
Cómo amo tu voluntad
La meditación asidua de la ley proporciona al salmista más sabiduría que la de sus enemigos. Debe ser una sabiduría que se manifieste en la práctica, en la conducta, hasta odiar el camino de la mentira.

119:105 - 119:112

N

Elogio a la ley divina:
Tu palabra es lámpara para mis pasos
El camino oscuro se ilumina con la luz de la palabra divina. Esta nueva luz puede inducir al «disparate»: a la ofrenda de la boca, que susurra constantemente la Ley divina y no se revela, y a la ofrenda de la vida, permanentemente en las manos en actitud oferente. El piadoso conoce el riesgo de la fe: rodeado de trampas y enemigos, de todos se libra gracias a la ley: es su herencia perpetua; se la pasará a sus hijos. En el amor a la Ley ya hay recompensa.

119:113 - 119:120

S

Elogio a la ley divina:
Detesto a los que se han desgajado
Dios es refugio, escudo y apoyo para quien confía en él, el salmista. Dios no defraudará esta confianza. Quienes se apartan de los estatutos divinos, por el contrario, serán despreciados. El salmista vive el estremecimiento ante la santidad divina.

119:121 - 119:128

Elogio a la ley divina:
Practico la justicia y el derecho
Esta es la estrofa de la actuación. El salmista ha actuado conforme a la ley: Dios responde no entregando a su siervo, sino haciéndose fiador por él. Ya es hora de actuar, se le recuerda al Señor. Una ha de ser la actuación a favor de su siervo: que lo enseñe y lo instruya el Dios altísimo y fiel, y el siervo aprenderá. La forma en que Dios obra con quienes han transgredido la Ley de Dios debe ser distinta.

119:129 - 119:136

P

Elogio a la ley divina:
Admirables son tus preceptos
Vuelve el símbolo de la luz. La palabra de Dios ilumina y el rostro divino resplandece sonriente. De esta luz se llenan la vida y el alma, como los pulmones se llenan de aire, cuando la vida necesita aliento. El poder del mal no puede enseñorearse del hombre. Mientras existan los malvados que no guardan la ley divina, el salmista llorará, ya sea con llanto vicario o con compasión por los desgraciados.

119:137 - 119:144

S

Elogio a la ley divina:
Justo eres tú, Señor
Ésta es la estrofa de la justicia. Justo es el Señor, rectos sus juicios, eterna su justicia. Esta repetición de la justicia atrae otros sinónimos: recto, auténtico, fiel. La justicia de Dios y sus preceptos son eternos. Es la justicia mostrada con los pequeños. ¿Acaso desde aquí puede explicarse el extraño versículo 143?

119:145 - 119:152

Q

Elogio a la ley divina:
Clamo de todo corazón
La estrofa se vuelve suplicante: llamar y responder, llamar y salvar, gritar y escuchar, pedir auxilio y esperar. La causa de este movimiento dialogal puede ser que los idólatras se acerquen al perseguido, pero se alejen de la Ley divina. Dios no solo se acerca, está cerca, permanentemente cerca, como son permanentes sus preceptos.

119:153 - 119:160

R

Elogio a la ley divina:
Mira mi aflicción y líbrame
La mirada cobra una importancia destacada en esta estrofa. Dios mira la aflicción para defender la causa, vivificar y conceder la salvación, porque son muchos los perseguidores. Dios también ha de mirar el amor que el salmista tiene por los preceptos divinos. También el salmista mira a los renegados, a quienes siente asco. La síntesis, compendio de lo que se viene celebrando y meditando, es ésta: Tu palabra es la verdad y eternos son tus mandamientos.

119:161 - 119:168

S

Elogio a la ley divina:
Unos príncipes me persiguen sin motivo
La observancia nace del amor y se realiza con amor. A ese amor le corresponde la paz y se contrapone a la mentira y a la falsedad. El salmista siente ante «la palabra» temor y gozo; es un gozo semejante al que se experimenta ante un botín rico e inesperado. El versículo 166 une la espera y la acción.

119:169 - 119:176

T

Elogio a la ley divina:
Llegue mi clamor a tu presencia, Señor
La estrofa final y todo el salmo están dominados por el «clamor, la petición y la alabanza». Lo que pide el orante es «enseñanza, liberación, salvación, auxilio, vida». Pese a todo el empeño por ser fiel, el salmista puede haberse extraviado. Que Dios busque a esta oveja descarriada, porque al menos no ha olvidado sus mandamientos.


Scroll to Top