1

Confianza solo en Dios

¡Aleluya!

Alaba, alma mía, al Señor

2

alabaré al Señor mientras viva, cantaré para mi Dios mientras exista.

3

No confíen en los poderosos, en un hombre incapaz de salvar:

4

exhala su aliento y vuelve a la tierra, ese día acaban sus planes.

5

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob: su esperanza es el Señor su Dios,

6

que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos; que mantiene su fidelidad perpetuamente,

7

que hace justicia a los oprimidos; da pan a los hambrientos; el Señor libera a los cautivos;

8

el Señor da vista a los ciegos; el Señor endereza a los encorvados; el Señor ama a los honrados;

9

el Señor protege a los emigrantes; sustenta al huérfano y a la viuda y anula el poder de los malvados.

10

El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. ¡Aleluya!

Comentarios

146:1 - 146:10

Confianza solo en Dios

Este himno a Dios, creador del universo y defensor del pobre, contrapone la fe en el hombre (3s) a la fe en Dios (5-10). Comienza con una introducción (1s) y, a lo largo de la segunda estrofa, desfilan «doce» bellísimos títulos divinos. Es una fe operante, que da paso a la esperanza. Nada podemos esperar del ser humano; por muy poderoso que sea, es incapaz de salvar (3); es tan efímero como nosotros. Dios, por el contrario, tiene recursos para todo. Tenerlo como protector es una auténtica dicha (5). Es el Dios fiel y justo, eterno y duradero, sus proyectos no son caducos, porque su amor es eterno. Muestra la fidelidad de su amor hacia todos los que son débiles y pueden buscar su salvación en los poderosos. Quienes están en situación de inferioridad por causa de otros (oprimidos, hambrientos y cautivos) o por enfermedad (ciegos y desfallecidos) o por circunstancias de la vida (emigrantes, huérfanos y viudas) se benefician de la fidelidad amorosa de Dios. También a los justos llega el amor de Dios. La realidad divina suscita una reacción alborozada: «Alabad al Señor» (¡Aleluya!). El discurso programático de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cfr. Lc 4,17-22) actualiza la temática de este salmo. Los proyectos humanos pueden ser ambiciosos y desafiantes; no por ello anularán el proyecto divino. Si confiamos totalmente en Dios, si de verdad creemos en Él, podemos orar con este salmo.


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