1

Canten al Señor un cántico nuevo

¡Aleluya!

Canten al Señor un canto nuevo,

su alabanza en la asamblea de los fieles.

2

Alégrese Israel por su Creador, salten de gozo los hijos de Sión por su Rey;

3

alaben su Nombre con danzas, tocando tambores y cítaras;

4

porque el Señor ama a su pueblo y corona con su victoria a los humildes.

5

Que los justos celebren su gloria y lo aclamen aun en sus lechos:

6

con vítores a Dios en su garganta, y espadas de dos filos en las manos,

7

para tomar venganza de las naciones, y aplicar el castigo a los pueblos;

8

para atar a sus reyes con cadenas y a sus nobles con esposas de hierro;

9

para aplicarles la sentencia escrita: ¡qué honor para todos sus fieles! ¡Aleluya!

Comentarios

149:1 - 149:9

Canten al Señor un cántico nuevo

Ya conocemos los himnos de alabanza a Dios, creador y rey, tras haber recorrido todo el salterio. También nos resulta familiar el «cántico nuevo»; solo que aquí no es una expresión convencional, sino que el cántico es realmente nuevo, tanto para quienes lo entonan como para su contenido. Lo entonan los «justos» o los «leales» (1.5.9), dispuestos a jugarse la vida por el Nombre de Dios. El cántico es una acción bélica, previamente escrita como sentencia dictada por el juez justo (9a). Los justos, o «los leales», bien pueden ser un grupo combativo del período de los Macabeos. En efecto, «la asamblea de los leales» solo aparece aquí y en 1 Mac 2,42, a lo largo de toda la Biblia. Es un grupo que no acepta a ningún monarca extranjero ni reconoce a un rey davídico. Es un grupo devoto y combativo. Expresa su devoción con rigor. Se oponen a la violencia injusta con la violencia justa. Ejecutan la sentencia dictada por Dios, y lo consideran algo honroso. Nos vale su entusiasmo religioso y su fe en Dios, creador y Señor, porque el evangelio nos pide que no respondamos a la violencia con la espada (Mt 26,52-54). Nuestra batalla debe ser contra «los dominadores del mundo tenebroso» (Ef 6,12). El mal y el pecado que hay en nuestro mundo son una afrenta al Creador; el dolor de los humildes es el dolor del Señor. Oramos con este salmo en unión con quienes tienen hambre y sed de justicia. Son bienaventurados.


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