Salmos
Capítulo 140
Líbrame, Señor, del malvado
Líbrame, Señor, del hombre malvado,
cuídame de los hombres violentos,
que planean trampas en su corazón, a diario provocan discordias.
Afilan la lengua como serpientes, con veneno de víboras tras los labios.
Defiéndeme, Señor, de la mano perversa, guárdame de los hombres violentos que planean hacerme caer;
los soberbios me tienden lazos, los villanos extienden una red, me ponen trampas al borde del sendero.
Yo digo: oh Señor, tú eres mi Dios, escucha, Señor, mis gritos de socorro.
Señor, dueño mío, mi fuerza salvadora, protege mi cabeza el día del combate.
¡No secundes, Señor, los deseos del malvado, no favorezcas sus proyectos, oh Excelso!
Cubra la cabeza de quienes me cercan la iniquidad de sus labios.
Descarguen sobre ellos carbones encendidos, caigan en el abismo, y no se levanten.
No arraigue en la tierra el deslenguado, el mal persiga al violento hasta desterrarlo.
Sé que el Señor defiende al humilde, hará justicia a los pobres.
Sí, los honrados darán gracias a tu Nombre, los rectos habitarán en tu presencia.

Comentarios
Líbrame, Señor, del malvado
Súplica individual, desdoblada en dos (2-6//7-12), que finaliza con una confesión de fe (13s). Cada una de las súplicas tiene dos estrofas (2-4.5s//7-9.10-12). El poema, a estas alturas del salterio, nos resulta convencional. Es lo que se deduce de la descripción de la persecución: violencia (2), contiendas (3), trampas y lazos (6) … Las tópicas son también las peticiones: líbrame (2), defiéndeme (3), guárdame (5) … Conocidas son las invocaciones del acto de confianza: mi Dios (7), mi Dueño, mi fuerza salvadora… (7-9). «El día del combate» (8b) Dios actúa como yelmo que cubre la cabeza de quien le suplica, la cabeza de los enemigos, sin embargo, está desprotegida (10a): que recaiga sobre ella el mal que tramaron (10-12). Los desprotegidos –humildes y pobres (13)– son especialmente protegidos por Dios: habitarán en presencia del Señor (14b), lo cual es una clara alusión al Templo. Rom 3,13 cita el versículo 4. Hay víctimas porque aún existen verdugos. Al orar con este salmo, escuchamos el clamor de los creyentes perseguidos, que todavía tienen fuerzas para decir «Tú eres mi Dios».