2

Dios, rey de todas las naciones

¡Aplaudan, todos los pueblos,

aclamen a Dios con gritos de alegría!

3

Porque el Señor es altísimo y terrible, emperador de toda la tierra.

4

Él nos somete los pueblos, y nos sojuzga naciones.

5

Él nos eligió nuestra heredad, orgullo de Jacob, su amado.

6

Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompeta.

7

Canten para Dios, canten, canten para nuestro rey, canten,

8

porque es rey de toda la tierra: canten para Dios con maestría.

9

Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su santo trono.

10

Príncipes paganos se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán, pues de Dios son los grandes de la tierra, ¡él es inmensamente excelso!

Comentarios

47:2 - 47:10

Dios, rey de todas las naciones

Himno a la realeza divina en forma de díptico. La perspectiva de la primera parte es universal (2-6): todos los pueblos son invitados a aplaudir y a lanzar sus gritos de júbilo, aunque el horizonte se restrinja al final de la estrofa. El emperador universal, el gran rey, ha elegido a un pueblo como heredad propia. Entre aclamaciones y sones de trompeta, el rey se encamina hacia el trono para tomar posesión de su reino. En la segunda parte (7-10) se ensancha nuevamente el horizonte. Dios es «rey de la tierra, reina sobre las naciones». Todos los pueblos han de unirse al pueblo «del Dios de Abrahán» para festejar a Dios, que se sienta en su trono sagrado. «¡Él es inmensamente excelso!» El salmo finaliza con esta aclamación llena de admiración. El Cristo glorioso es el Rey de reyes (1 Tim 6,16; Ap 4,9; 19,6). La liturgia aplica el salmo a la ascensión del Señor (cfr. Ef 4,9s). Mientras expresemos el deseo del Padrenuestro: «Venga a nosotros tu reino», será tiempo de orar con este salmo.


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