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La ciudad del gran rey

¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza!

En la ciudad de nuestro Dios está su monte santo:

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Bella colina, alegría de toda la tierra, es el monte Sión, confín del norte, la capital del Emperador.

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Dios, desde su palacio, se muestra como baluarte.

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Miren, los reyes se aliaron, atacaron todos juntos:

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al verlo, quedaron aterrados, huyeron despavoridos.

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Los atenazó un temblor, sí, espasmos de parturienta:

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como el viento solano que destroza los navíos de Tarsis.

9

Lo que oímos, lo hemos visto en la ciudad del Señor Todopoderoso, en la ciudad de nuestro Dios: el Señor la ha afianzado para siempre.

10

Meditamos, oh Dios, tu misericordia en medio de tu templo:

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como tu fama, oh Dios, tu alabanza llega al confín del mundo. Tu derecha está llena de justicia:

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lo festeja el monte Sión, los poblados de Judá se alegran de tus sentencias.

13

Den vueltas en torno a Sión, cuenten sus torreones,

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fíjense en sus murallas, observen sus palacios, para poder contarle a la próxima generación:

15

¡Éste es Dios!, nuestro Dios eterno e inmortal que siempre nos guiará.

Comentarios

48:2 - 48:15

La ciudad del gran rey

Nuevo díptico en el que se canta a Sión victoriosa (2b-8) y litúrgica (10-14). La canción se abre y se cierra con una antífona (2a.15). Entre las dos estrofas, una nueva antífona (9). La grandeza del Señor (2a) queda impresa en la ciudad que Él fundó (9), desde donde Dios guía y guiará a su pueblo para siempre (10). La primera tabla del díptico nos informa sobre lo que ocurre en el interior de la ciudad (2b-4) y en el exterior (5-8). Sión no es la morada de los dioses, sino la ciudad del Gran Rey, a cuyos pies se desvanecen los poderes enemigos. El poeta lo describe con imágenes vigorosas: dolores de parto, naves desarboladas y hundidas por el huracán… En la segunda tabla (9-14) se medita y se celebra el amor de Dios en el interior del Templo (10-12). La contemplación detallada de la magnificencia de la ciudad ha de ser la base de la tradición posterior: que la generación venidera sepa que la ciudad es así por obra y gracia de Dios. La nueva Jerusalén es espléndida y bellísima (cfr. Ef 5,27); tiene la victoria asegurada (cfr. Mt 16,18). ¿Cuáles son los lugares de la presencia de Dios? ¿Los suburbios de la ciudad?, ¿los campos de refugiados?, ¿los cuerpos enfermos o mutilados…? Es necesario decir a la siguiente generación dónde está nuestro Dios.


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