2

Justicia y providencia divinas

El pecado inspira al malvado

en lo profundo de su corazón;

no tiene temor de Dios

ni siquiera en su presencia.

3

Pues Dios lo destruirá con su mirada, al descubrir su abominable delito.

4

Las palabras de su boca son maldad y traición, es incapaz de ser sensato y de obrar bien.

5

Acostado planea el crimen, se obstina en el camino, no rechaza la maldad.

6

Señor, tu misericordia viene del cielo, tu fidelidad llega hasta las nubes;

7

tu justicia es como las altas cordilleras, tus juicios son un océano inmenso; tú socorres a hombres y animales.

8

¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios! Los humanos se refugian a la sombra de tus alas,

9

se sacian con la abundancia de tu casa, les das a beber en el río de tus delicias;

10

porque en ti está la fuente de la vida y con tu luz vemos la luz.

11

Prolonga tu misericordia sobre los que te reconocen y tu justicia sobre los rectos de corazón.

12

Que no me pisotee el pie del soberbio, que no me destierre la mano del malvado.

13

Vean cómo caen los malhechores, derribados, ya no pueden levantarse.

Comentarios

36:2 - 36:13

Justicia y providencia divinas

Salmo mixto, compuesto por una reflexión sapiencial sobre el mal o los malvados (2-5), un himno al amor de Dios (6-10) y una súplica escuchada (11-13). El pecado se ha hecho carne y habita entre nosotros. El malvado, por ello, resuma maldad por todos los poros de su ser (2-5). ¡Qué distinto es Dios! Todo Él es misericordia, fidelidad, justicia y lealtad. «¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!» (8). Acogido a la sombra de las alas divinas, el ser humano podrá hacer frente al mal, que acecha a quienes reconocen a Dios. Así, los malvados no se saldrán con la suya, sino que serán derribados y no podrán alzarse en lo sucesivo (12s). Pablo cita una frase del versículo 2 de Rom 3,18. Quien necesite ayuda para enfrentarse al misterio del pecado hará bien en orar con este salmo. El amor vencerá al odio.


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