Salmos
Capítulo 19
Gloria a Dios en la creación y en la ley
Los cielos proclaman la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos.
Un día le pasa el mensaje a otro día, una noche le informa a otra noche.
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que se oiga su voz,
a toda la tierra alcanza su discurso, a los confines del mundo su lenguaje. Allí le ha preparado una tienda al sol:
Se regocija cual esposo que sale de su alcoba, como atleta que corre su carrera.
Asoma por un extremo del cielo y su órbita llega al otro extremo; nada se escapa a su calor.
La ley del Señor es perfecta: devuelve el aliento; el precepto del Señor es verdadero: da sabiduría al ignorante;
los mandatos del Señor son rectos: alegran el corazón; la instrucción del Señor es clara: da luz a los ojos;
el respeto del Señor es puro: dura para siempre; los mandamientos del Señor son verdaderos: justos sin excepción;
son más valiosos que el oro, que el metal más fino; son más dulces que la miel que destila un panal.
Aunque tu servidor se alumbra con ellos y guardarlos trae gran recompensa,
¿quién se da cuenta de sus propios errores? Purifícame de culpas ocultas;
del orgullo protege a tu servidor, para que no me domine. Entonces seré irreprochable e inocente de grave pecado.
Que te agraden las palabras de mi boca, que te plazca el susurro de mi corazón, ¡Señor, Roca mía, Redentor mío!

Comentarios
Gloria a Dios en la creación y en la ley
El cielo y el firmamento tienen un lenguaje propio que se escucha en la tierra. Aquellos hablan de orden como algo ontológico e invitan al hombre a la alabanza y a la obediencia como respuesta religiosa. El ser humano tiene la vocación de ser liturgista de la creación (2-7). Pero esta vocación no siempre se sigue. En ese momento, interviene la palabra de Dios, vehículo de la revelación y de la voluntad divina. Si el ser humano se adhiere a la voluntad divina y se comporta conforme a la ley, su vida será refulgente como la norma y más valiosa que el oro (8-11). Pero el hombre es incapaz de servir incondicionalmente a Dios; de ahí que pida auxilio y que la ley encamine al hombre hacia su liberación (12-14). Solo quien es inocente e íntegro puede entonar la alabanza divina (15). Rom 10,18 aplica el versículo 5 del Salmo a la predicación del Evangelio. Este salmo está indicado para confrontar la vida con la presencia de Dios en la creación y en la Ley.