1

Dios cuida de su pueblo

Levanto los ojos a los montes:

¿de dónde me vendrá el auxilio?

2

El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

3

No dejará que tropiece tu pie, no duerme tu guardián.

4

No duerme, ni dormita el guardián de Israel.

5

El Señor es tu guardián, el Señor es tu sombra, el Altísimo está a tu derecha;

6

de día el sol no te hará daño ni la luna de noche.

7

El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu vida.

8

El Señor guarda tus entradas y salidas ahora y por siempre.

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121:1 - 121:8

Dios cuida de su pueblo

Este salmo de confianza se compone de una proclamación inicial (1s) y de una canción al centinela divino (3-8). Domina el tema de Dios como guardián. Oímos el vocablo seis veces, ya sea como verbo o como sustantivo. Hay que añadir la «sombra» protectora (5b) como título divino y la vigilancia permanente de quien no duerme ni dormita (4a). Las polaridades, por otra parte, son características de este salmo: sol y luna; día y noche, abarcando todo el tiempo (Gn 1); entradas y salidas, como definición de toda la vida y actividad humanas; ahora y por siempre: en el presente y en el futuro. En todos estos ámbitos, Dios actúa como guardián. Su tutela es eficaz por ser el creador del cielo y de la tierra (2). El creyente no tiene por qué dirigir la mirada a los montes, morada de los dioses, en busca de protección. Jesús pide al Padre que Él mismo nos guarde (cfr. Jn 17,11), como se lo pedimos en el Padrenuestro. Somos guardados y protegidos para una herencia imperecedera (cfr. 1 Pe 1,4). La confianza total, como la proclamada en este salmo, es madura cuando persiste en medio de las dificultades y a pesar de los conflictos. En circunstancias como estas, podemos orar con este salmo.


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