Salmos
Capítulo 116
Liberación del peligro de muerte
Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante,
porque tiende su oído hacia mí en cuando lo invoco.
Me apretaban las redes de la muerte, me alcanzaban los tormentos del Abismo, preso de angustia y de congoja,
invoqué el Nombre del Señor: ¡Por favor, Señor, salva mi vida!
El Señor es clemente y justo, nuestro Dios es compasivo.
El Señor guarda a los sencillos: estaba yo agotado y me salvó.
¡Alma mía, recobra la calma, que el Señor fue bueno contigo!
Arrancó mi vida de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor en la tierra de los vivientes.
Tengo fe, aun cuando dije: ¡Qué desgraciado soy!;
aunque dije espantado: Los humanos son mentirosos.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación invocando el Nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.
Costosa es a los ojos del Señor la muerte de sus amigos.
¡Por favor, Señor, que soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava, rompe mis cadenas!
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando el Nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo,
en los atrios de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. ¡Aleluya!

Comentarios
Liberación del peligro de muerte
Esta acción de gracias se abre con una invocación (1s), a la que siguen tres estrofas: “Dios salva al postrado” (3-6), soliloquio (7-12); un estribillo (13s) une la segunda y la tercera estrofa: “Acción de gracias en el Templo” (15-19); esta estrofa incluye el estribillo (17s, 13s). El género pide el recuerdo de las desgracias. Se mencionan: peligro de muerte (3ab, 8), aflicción interior (3c), situación social de desvalimiento (10b) y esclavitud (16). Quizás la esclavitud sea solo una metáfora de las tres desgracias anteriores. Dios escuchó la voz suplicante (2) y libró a quien clamaba (8). Es el momento de dar gracias a Dios y de cumplir los votos (14,18) formulados en tiempos de infortunio. He de subrayar la intensidad y movilidad del sentimiento. La angustia y la congoja alcanzan y aprietan (3). El poeta se desdobla y, en diálogo consigo mismo, recuerda lo que pensaba y decía (10, 11). De la impaciencia y del apremio queda constancia en los versículos 4b y 16a: «¡Por favor…!». El amor (1a) –en el texto hebreo, sin complemento– y la fe/confianza (10) ocupan un lugar destacado. El salmo se abre con el verbo «amar» y sitúa la composición entera en el ámbito del amor a Dios. La fe se ratifica incluso después de haber pensado y dicho sobre sí mismo (10b) y sobre los demás (11b). 2 Cor 4,13 cita el versículo 10a. El versículo 11b se cita en Rom 3,4. Podemos orar con este salmo cuando hemos superado peligros mortales o hemos resuelto conflictos personales. Es bueno que todo quede en el ámbito del amor a Dios, en quien creemos.