Salmos
Capítulo 96
El Señor, rey y juez
Canten al Señor un cántico nuevo,
canta al Señor, tierra entera;
canten al Señor, bendigan su Nombre, pregonen día tras día su victoria.
Cuenten a los gentiles su gloria, sus maravillas a todos los pueblos.
Porque el Señor es grande y muy digno de alabanza; más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son nada, mas el Señor hizo los cielos.
Honor y Majestad están en su presencia, Fuerza y Belleza en su santuario.
Tributen al Señor, familias de los pueblos, tributen al Señor la gloria y el poder;
tributen al Señor la gloria de su Nombre, entren en sus atrios trayéndole ofrendas.
Póstrense ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia toda la tierra.
Digan a los gentiles: ¡El Señor es rey! El orbe está afianzado y no vacila; el Señor gobierna a los pueblos con rectitud.
Alégrense los cielos, salte de gozo la tierra, retumbe el mar y cuanto contiene.
Salte de gozo la campiña y cuanto hay en ella, aclamen gozosos los árboles del bosque
delante del Señor, que llega, que ya llega a regir la tierra; regirá el orbe con justicia y a los pueblos con lealtad.

Comentarios
El Señor, rey y juez
Un nuevo himno a la realeza divina. En él han desaparecido los momentos de lucha, aunque los percibamos en los gritos de victoria que prorrumpen entre los árboles del bosque (12) y en la firmeza del orbe que ya «no vacila» (10b). El reino de Dios afecta a «todo», e implica a los seres humanos (7-9) y a toda la creación (11). La invitación a la alabanza y a la fiesta es muy nutrida: en total diecinueve formas volitivas, entre imperativos y yusivos. El motivo de tanta alegría y de que el cántico sea nuevo es la siguiente aclamación: «¡El Señor es Rey!», (10a); los dioses no existen, son nada (5a). El cortejo de tan gran Rey está formado por Honor y Majestad; Fuerza y Belleza. Estas cuatro personificaciones están en el palacio del Gran Rey, en su Templo (6). Todos los pueblos deben presentarse y postrarse obedientemente ante tan grande Rey (7-9), cuando aparezca en santidad (9b), y reconocer que la gloria y el poder le corresponden sólo a Él. El tema del reinado de Dios Padre es abundante en el Apocalipsis (cfr. 11,17; 12,10; 19,6); el de Jesucristo, en Ap 11,15 (cfr. 1 Cor 15,23; Col 1,13). Mientras sigamos expresando nuestro deseo de que venga el Reino de Dios, podemos orar con este salmo.