Salmos
Capítulo 26
Plegaria del inocente perseguido
Júzgame, Señor, que obro con honradez,
si confío en el Señor, no vacilaré.
Escrútame, Señor, ponme a prueba, aquilata mis entrañas y mi corazón;
porque tengo ante mis ojos tu amor y camino con fidelidad a ti.
No me reúno con idólatras, no tengo trato con los hipócritas;
detesto la banda de malhechores, y con los malvados no me siento.
Me lavo las manos como inocente y doy vueltas en torno a tu altar, Señor,
proclamando mi acción de gracias y contando tus maravillas.
Señor, amo vivir en tu casa, el lugar donde reside tu Gloria.
No permitas que muera entre pecadores, ni que perezca entre sanguinarios
cuya izquierda está llena de infamia, y su derecha repleta de soborno.
Yo en cambio obro con honradez: sálvame, ten piedad de mí.
Mi pie se mantiene en el camino recto, en la asamblea bendeciré al Señor.

Comentarios
Plegaria del inocente perseguido
En el Templo, donde reside la Gloria divina, se narran las maravillas del Señor y se entona la alabanza (6-8). A él acude el salmista para someterse al juicio de Dios. La primera palabra del salmo es «júzgame» (1). Quien comparece ante el juez protesta su inocencia (1.3.11.12), como lo demuestra su conducta. Si existe alguna maldad en lo más íntimo del orante, que el fuego divino, purificador, «escrute» y «aquere» (2). El salmista, desde luego, nada tiene que ver con los malhechores ni con los hipócritas, que acaso son idólatras (4s). En consecuencia, no ha de morir como uno de ellos (9), lleno como están de infamias y sobornos (10). Aunque el orante se considere inocente, confía en el Señor (1b), cuenta con el amor y la fidelidad divinos (3) y pide compasión y liberación (11b). Pablo tiene una experiencia semejante a la descrita en el salmo: aunque se tenga buena conciencia, no por eso está justificado (1 Cor 4,4). Este salmo no es para quien se gloría de sus propias obras, sino para quienes se someten a la mirada escrutadora y purificadora de Dios; para quienes confían en Dios.