Salmos
Capítulo 12
2
Sálvanos, Señor, que se acaba la lealtad
Sálvanos, Señor!, porque escasean los fieles,
han desaparecido
los leales entre los hombres.
3
No hacen más que mentirse unos a otros, hablan con labios mentirosos y doblez de corazón.
4
Que el Señor elimine los labios mentirosos y la lengua fanfarrona de los que dicen: La lengua es nuestra fuerza, nuestros labios son nuestra arma, ¿quién será nuestro amo?
5
…
6
El Señor responde: Por los sollozos del humilde, por el lamento del pobre, ahora me levanto y daré la salvación a quien la ansía.
7
Las palabras del Señor son palabras limpias, como plata purificada en el crisol, siete veces de escoria depurada.
8
Tú nos guardarás, Señor, nos librarás siempre de esa gente.
9
Los malvados del entorno deambularán, ¡colmo de vileza entre los hombres!

Comentarios
Sálvanos, Señor, que se acaba la lealtad
El panorama social es desolador: «escasean los fieles» y «desaparecen los leales» (2). La palabra nace corrompida en un corazón escindido (3); es hipócrita, amarga y destructora, pero tiene tal fuerza que se convierte en arma cortante. Es una palabra tan poderosa que induce al alarde: «¿Quién será nuestro amo?» (5). La palabra del humilde, por el contrario, apenas es un gemido o un sollozo (6). Pero Dios escucha esta humilde palabra y opone su Palabra, limpia como la plata más pura, a la palabra orgullosa (6s). Es una palabra que libera al humilde y convierte al orgulloso en un «colmo de vileza», condenado a deambular eternamente (8s). El Señor tiene palabras de vida eterna (Jn 6, 68). Mientras las relaciones humanas no se construyan sobre la verdad, será tiempo de orar con este salmo.