Salmos
Capítulo 108
Canto de victoria
Mi corazón está firme, oh Dios,
cantaré y tocaré con toda mi alma:
Despierten, cítara y arpa, despertaré a la aurora.
Te daré gracias entre los pueblos, Señor, tocaré para ti entre las naciones:
por tu amor, que sobrepasa el cielo, por tu fidelidad, que alcanza las nubes.
¡Tu grandeza, oh Dios, sobre los cielos, y tu gloria, sobre la tierra!
Para que tus predilectos sean liberados sálvanos con tu diestra y respóndenos.
Dios habló desde su santuario: –Triunfante repartiré Siquén, parcelaré el Valle de Sucot,
mío es Galaad, mío Manasés, Efraín es casco que cubre mi cabeza, Judá, mi bastón de mando,
Moab, una vasija para lavarme, sobre Edom lanzo mi sandalia, sobre Filistea mi grito de conquista.
¡Quién me llevara a la ciudad fortificada, quién me condujera a Edom!,
pues tú, oh Dios, ¿no nos has rechazado?, ¿sales aún con nuestras tropas?
Ayúdanos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es vana.
¡Con Dios haremos proezas, él aplastará a nuestros enemigos!

Comentarios
Canto de victoria
Salmo mixto de confianza y súplica comunitaria, compuesto por dos mitades de otros salmos: Sal 57,8-12 y 60,7-14 (1-6 y 7-14, respectivamente). Unidas, ambas partes adquieren un nuevo significado. El poeta se encuentra entre los pueblos y naciones, en la diáspora. Pese a su situación, aún tiene fuerzas para cantar al Señor con toda su alma (2b). Él y la comunidad albergan la esperanza de la llegada de un nuevo día, iluminado por la gloria del Señor. Como respuesta a su canción matinal, el poeta añade un antiguo oráculo (8-10), ya comentado por generaciones anteriores (11-13). Al final, la confianza sale fortalecida (14). Es un salmo, pues, que actualiza piezas antiguas y las adapta a un nuevo momento. Podemos actualizar este salmo oyendo en él la voz de un pueblo que suplica en medio de los conflictos y las opresiones.