Salmos
Capítulo 58
Dios juzga a los gobernantes
¿De verdad, poderosos,
emiten ustedes sentencias justas?
¿Juzgan equitativamente a los humanos?
No, ustedes cometen injusticias a conciencia imponiendo en la tierra la violencia de sus manos.
Los malvados se pervirtieron desde el seno materno, los mentirosos se extraviaron desde el seno.
Tienen veneno como veneno de serpientes, de víbora sorda que cierra el oído,
para no oír la voz del encantador, del experto hacedor de hechizos.
Oh Dios, rómpeles los dientes de la boca, quiebra, Señor, esos colmillos a leones.
Que se evaporen como agua que fluye, que se pudran como hierba que se pisa.
sean como babosa que se deslíe al deslizarse, que, como aborto de mujer, jamás vea el sol.
Antes de que echen espinas, como la zarza verde o quemada, arrebátelos el vendaval.
Goce el justo viendo la venganza, bañe sus pies en la sangre de los malvados;
y la gente comentará: ¡El justo cosecha su fruto, sí, hay un Dios que hace justicia en la tierra!

Comentarios
Dios juzga a los gobernantes
Este salmo, tan «escandaloso», es una súplica individual de corte profético. El poeta interpela directamente a quienes debieran impartir justicia y ser modelos de justicia: a los poderosos (2). Lejos de ser justos, son obreros del mal e incluso la encarnación del mal. La maldad nació con ellos (4), habita en su mente (3) y la ejecutan sus manos (3b). Son serpientes (5), animales seductores (cfr. Gn 3) y pecado (cfr. Eclo 21,2). Para neutralizar su maldad, no basta la actuación de un experto en conjuros, pues son malvados consumados, sordos a la voz del encantador (6). ¿Qué hacer con ellos? La impotencia del denunciante estalla en siete terribles maldiciones, con imágenes vigorosas y sugerentes (7-10). Pero el orante no se toma la justicia por su mano, sino que la deja en manos del que juzga justamente (11s). No podemos cerrar los ojos ante el mal. Si existe, es porque hay seres humanos dispuestos a cometer atrocidades. ¿Qué podemos hacer? Formular nuestra oración, sin temer que las palabras sean vehementes. Pedir al Dios justo que intervenga: la manifestación de su ira no está reñida con Jesús (cfr. Mc 3,5). Este salmo puede alimentar el hambre de justicia. No es anticristiano, mientras exista la bienaventuranza de los que tienen hambre y sed de justicia (Mt 5,6).