1

Señor, mi corazón no es ambicioso

Señor, mi corazón no es engreído,

ni mis ojos altaneros;

no persigo grandezas

ni prodigios que me superan.

2

Calmo y silencio mi anhelo como un niño junto a su madre, como un niño junto al Señor.

3

¡Espere Israel en el Señor, ahora y por siempre!

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131:1 - 131:3

Señor, mi corazón no es ambicioso

Salmo de confianza en negativo (1) y en positivo (2). El versículo 3 une este salmo con el anterior. La renuncia a la altanería y a las aspiraciones desmedidas es un signo de la absoluta confianza en Dios. Como el niño se aquieta junto a su madre, algo así le sucede al creyente que se calma junto al Señor. Que Israel aprenda a confiar y a esperar en Dios. Jesús abraza a un niño y se identifica con él (cfr. Mc 9,36s). La máxima aspiración del cristiano es ser «un niño» (cfr. Mt 18,3-5; Mc 10,13-15; Lc 9,46-48). La oración de Carlos de Foucauld, «Padre, me pongo en tus manos…», es una bella glosa de este salmo.


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