1

Canción litúrgica de acción de gracias

Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor.

2

Diga la Casa de Israel: es eterno su amor.

3

Diga la Casa de Aarón: es eterno su amor.

4

Digan los fieles del Señor: es eterno su amor.

5

Desde mi prisión clamé al Señor, me respondió desde su inmenso cielo.

6

El Señor está de mi parte: no temo lo que pueda hacerme el hombre.

7

El Señor está de mi parte, es mi defensor: así veré la derrota de mi enemigo.

8

Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre,

9

mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los poderosos.

10

Todos los pueblos me cercaban: en el Nombre del Señor los derribé.

11

Me cercaban y me acorralaban: en el Nombre del Señor los derribé.

12

Me cercaban como abejas, crepitaban cual fuego en zarzal: en el Nombre del Señor los derribé.

13

Empujaban con fuerza para derribarme, pero el Señor fue mi auxilio.

14

El Señor es mi fortaleza y protección, él fue mi salvador.

15

Se oyen voces de júbilo y de victoria en las tiendas de los vencedores: La diestra del Señor hace proezas,

16

la diestra del Señor es sublime, la diestra del Señor hace proezas.

17

–No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.

18

Me castigó, me castigó el Señor, pero no me entregó a la muerte.

19

¡Ábranme las puertas del triunfo, entraré para dar gracias al Señor!

20

–Ésta es la puerta del Señor, los vencedores entrarán por ella.

21

–Te doy gracias porque me escuchaste, y fuiste mi salvación.

22

–La piedra que rechazaron los albañiles es ahora la piedra angular.

23

Es el Señor quien lo ha hecho y nos parece un milagro.

24

Éste es el día en que actuó el Señor: ¡vamos a festejarlo y a celebrarlo!

25

¡Sálvanos, Señor, por favor! ¡Por favor, danos éxito, Señor!

26

–El que entra sea bendito en Nombre del Señor! Los bendecimos desde la casa del Señor.

27

El Señor es Dios, él nos ilumina. –Inicien una procesión con ramos hasta los ángulos del altar.

28

–Tú eres mi Dios, te doy gracias, Dios mío, yo te ensalzo.

29

–Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterno su amor.

Comentarios

118:1 - 118:29

Canción litúrgica de acción de gracias

Liturgia de acción de gracias. La invitación a la alabanza (1-4) va seguida de un primer himno en las tiendas de los justos, en Jerusalén (5-18). El segundo himno suena en el templo (19-29). El primer himno tiene tres estrofas: A. Declaración de confianza (5-9). B. Exposición del caso (10-14). C. Cantos de victoria y acción de gracias (15-18). El segundo himno tiene dos estrofas: A. Entrada en el templo (19-25). B. Procesión litúrgica (26-29). En ambos himnos se alternan distintas voces. El personaje central del salmo es un individuo –no sabemos si el rey o alguien que representa al pueblo repatriado– que, liberado de un peligro mortal, acude al templo para dar gracias a Dios, porque «es eterno su amor» (1-4) y «me escuchaste y fuiste mi salvación» (21). El personaje salvado clamó desde la prisión (5), mientras estaba rodeado de enemigos (10-14). Era una piedra desechada por los albañiles, pero el Señor la convirtió en piedra angular (22). Todo el pueblo tiene como suya la liberación del individuo, y saca su enseñanza sapiencial (8s) o ensalza la mano liberadora (15b-16), o bien participa en la procesión y se beneficia de la bendición (27). La aventura del individuo o de la comunidad ha estado bajo el control de Dios (17s). Dios ha intervenido de modo singular y ha convertido el tiempo de su intervención en el «día del Señor» (24), que queda abierto a posibles intervenciones posteriores del Señor. De ahí la apremiante petición del versículo 25. El salmo es, en definitiva, un reconocimiento de Dios y de su actuación (28). La «piedra angular» es Cristo (cfr. Mc 12,10s; Hch 4,11; 1 Pe 2,7). Los tres sinópticos, y también Juan, citan los versículos 25-26a con motivo de la entrada de Jesús en Jerusalén (cfr. Mt 21,9; Mc 11,9s; Lc 19,38; Jn 12,13). Mt 23,39 cita nuevamente el versículo 26a en el lamento por Jerusalén (cfr. Mt 23,39). La Iglesia nos invita a orar con este salmo en el tiempo pascual, a la luz de la muerte y resurrección del Señor. Es el día del Señor.


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