Salmos
Capítulo 126
1
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, creíamos soñar
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía estar soñando.
2
La boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantos alegres. Hasta entre los paganos se comentaba: El Señor ha estado grande con ellos.
3
–El Señor ha estado grande con nosotros. ¡Estamos alegres!
4
Cambia, Señor, nuestra suerte, como los torrentes del Negueb.
5
Los que siembran con lágrimas cosechan con cantos alegres.
6
Al ir iba llorando llevando el saco de la semilla; al volver vuelve cantando trayendo sus gavillas.

Comentarios
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, creíamos soñar
La repatriación, ya sea el retorno del destierro o bien en tiempos de Nehemías, explica el «cambio de suerte». No vale aquí aquella apreciación «los sueños, sueños son»: este sueño es una realidad que motiva una doble reacción; el comentario de los paganos (2d) y el canto jubiloso de los que regresan (2a.5b). Dos imágenes reflejan la realidad. La lluvia torrencial caída en los secos cauces del sur (el Negueb) da vida al desierto (cfr. Job 38,25-27). Si la cosecha había sido escasa, la gente se veía obligada a quitarse el pan de la boca, en espera de una buena cosecha. Algo así fue el destierro y el retorno: los caminos que conducen a la tierra se llenan de gente; la cementera en Babilonia no fue estéril; allí está la cosecha. Todo se debe a que el Señor ha hecho proezas con nosotros (2d.3a). Jn 16,20-22 habla del paso del llanto a la risa y de la tristeza al gozo. Si queremos transformar el sufrimiento en esperanza, las lágrimas en canciones, podemos orar con este salmo.