1

Todo el mundo aclame a Dios

Aclame a Dios toda la tierra,

2

canten en honor de su Nombre, tribútenle una espléndida alabanza.

3

Digan a Dios: ¡Qué formidable eres por tus obras, por tu inmenso poder te adulan tus enemigos!

4

Que todo el mundo te rinda homenaje cantando para ti, cantando en tu honor.

5

Vengan a ver las obras de Dios, sus hazañas formidables a favor de los hombres:

6

Transformó el mar en tierra firme; a pie cruzaron el río. ¡Venid, alegrémonos con él!

7

Con su autoridad gobierna por siempre: sus ojos vigilan a las naciones, para que no se subleven los rebeldes.

8

Bendigan, pueblos, a nuestro Dios, proclamen a voces su alabanza.

9

Nos conservó entre los vivientes y no permitió que tropezara nuestro pie.

10

Oh Dios, nos pusiste a prueba, nos refinaste como se refina la plata.

11

Nos metiste en una prisión, pusiste un cincho en nuestros lomos,

12

dejaste que los mortales cabalgaran sobre nosotros, pasamos por fuego y agua, pero nos llevaste a la abundancia.

13

Entraré en tu casa con holocaustos para cumplir los votos

14

que pronunciaron mis labios y prometió mi boca en la angustia.

15

Te ofreceré holocaustos cebados con el incienso de carneros, inmolaré vacas y cabras.

16

Vengan a escuchar, fieles de Dios, les contaré lo que hizo por mí:

17

Lo invoqué con la boca, con la lengua lo alabé.

18

Si yo hubiera tenido mala intención, el Señor no me habría escuchado.

19

Pero Dios me escuchó, atendió a la voz de mi súplica. ¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni apartó de mí su misericordia!

Comentarios

66:1 - 66:20

Todo el mundo aclame a Dios

Salmo mixto, de alabanza y de acción de gracias. En este salmo se entrelazan las acciones de Dios en el cosmos y en la historia. Todo el mundo, la tierra entera, es invitado a aclamar, cantar, tributar una espléndida alabanza a Dios por su inmenso poder o por sus obras terribles. También los enemigos son invitados a postrarse ante el soberano. Lo harán aunque sea a regañadientes: «te adulan» (3b-4). Venir y ver (5), venir y alegrarse (6b), venir y escuchar (16) son invitaciones escalonadas a lo largo del salmo. Se trata de ver las obras de Dios (6), de ser espectadores del paso del río o del mar (cfr. Éx 14), antes de entrar en la tierra de la libertad (6). Quien salvó a su pueblo en otro tiempo, también lo salvará ahora (8s), aunque tenga que ser purificado pasando por el fuego del destierro (10-12). Ya en la abundancia, el pueblo, o el orante en su nombre, cumplirá lo prometido: un holocausto o un sacrificio de comunión (13-15). En vista de lo que Dios ha hecho en el cosmos y en la historia, es el momento de escuchar. El Señor ha escuchado «la voz de mi súplica» (19). Es el gran anuncio. Por eso la alabanza y la bendición (17.20). Sobre el gobierno universal del versículo 7 puede leerse Rom 14,9; el versículo 9 puede remitirnos a Ef 2,5; el versículo 12 a Hch 14,22. Repasemos nuestra historia o la historia de la Iglesia, y veamos cuánto ha hecho Dios por nosotros. Así le adoraremos, alabaremos y daremos gracias.


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