1

Alabanza por las obras del Señor

¡Aleluya!

A Doy gracias al Señor de todo corazón

en la reunión de los justos, en la asamblea.

2

G 2Grandes son las obras del Señor, D ponderadas por quienes las aprecian.

3

H 3Su actuación es magnífica y espléndida, W su justicia dura por siempre.

4

Z 4Dejó un memorial de sus proezas: H el Señor es bondadoso y compasivo.

5

T 5Dio el alimento a sus fieles, Y acordándose siempre de su alianza.

6

K 6Mostró a su pueblo la eficacia de sus obras L dándole la heredad de los paganos.

7

M 7Sus obras son verdad y justicia, N todos sus preceptos, fiables,

8

S 8válidos por siempre jamás, ‘ se han de cumplir fiel y rectamente.

9

P 9Envió la redención a su pueblo, S ratificó para siempre su alianza, Q su Nombre es santo y temible.

10

R 10Principio de la sabiduría es respetar al Señor, S son inteligentes los que lo practican. T ¡La alabanza del Señor permanezca para siempre!

Comentarios

111:1 - 111:10

Alabanza por las obras del Señor

Himno acróstico de alabanza. A la acción de gracias (1-3), sigue el cuerpo del himno (4-9), que finaliza con una máxima sapiencial (10). El poeta insiste en las obras del Señor, cuya grandeza procura dimensionar (2). Su intención es proclamarlas ante la comunidad reunida (1). Las obras son ponderadas (2), esplendorosas, majestuosas (3), duraderas (3b) … Son una manifestación del amor compasivo de Dios y, por ello, un memorial que nos remite a ese amor (4). El don de la tierra (6), el alimento diario (5), los preceptos (7b-8), el rescate del pueblo y la ratificación de la alianza (9) son obras concretas de Dios. Todas ellas suscitan la alabanza (1) y conducen al reconocimiento del nombre divino (9b). Lucas cita el versículo 9c en el Magnificat (1,49) y el versículo 9a en el Benedictus (1,68). Alabar a Dios por todo es la palabra última de la creación, el «aleluya» final, al que unimos nuestra voz cuando oramos con este salmo: «La alabanza del Señor permanezca para siempre».


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