2

Como ansía la cierva corrientes de agua, así te ansío, Señor

Como anhela la cierva corrientes de agua,

así, mi alma te anhela a ti, oh Dios.

3

Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

4

Mis lágrimas son mi pan noche y día, mientras todo el día me repiten: ¿Dónde está tu Dios?

5

Recordándolo, me desahogo conmigo: ¡cómo entraba en el recinto, cómo avanzaba hasta la casa de Dios, entre gritos de júbilo y acción de gracias, en el bullicio festivo!

6

¿Por qué estás abatida, alma mía, por qué estás gimiendo? Espera en Dios, que aún le darás gracias: Salvador de mi rostro,

7

Dios mío. Cuando mi alma se angustia, entonces te recuerdo, pequeña Colina, desde el Jordán y el Hermón.

8

Una sima grita a otra sima con fragor de cascadas: tus oleadas y tus olas me han arrollado.

9

De día el Señor me brinda su amor, de noche me acompaña su canción, la canción al Dios de mi vida.

10

Diré: ¡Oh Dios, Roca mía!, ¿por qué me has olvidado? ¿por qué he de andar cabizbajo, acosado por el enemigo?

11

Por el quebranto de mis huesos se burlan mis adversarios; todo el día me repiten: ¿Dónde está tu Dios?

12

¿Por qué estás abatida, alma mía, por qué estás gimiendo? Espera en Dios, que aún le darás gracias: Salvador de mi rostro, Dios mío.

Comentarios

42:2 - 42:12

Como ansía la cierva corrientes de agua, así te ansío, Señor

Lejos del Templo, de la luminosa presencia de Dios, el salmista vive la sequedad mortal de la ausencia. Su grito lanzado al viento expresa la sed y el anhelo vehemente de volver a ver el rostro divino. De momento, ha de alimentarse con el manjar salobre de las lágrimas y acariciar los gozosos recuerdos del pasado, cuando otros hurgan en la herida de la ausencia: «¿Dónde está tu Dios?». El estribillo es un desahogo para el dolor que la nostalgia provoca (2-6). Las lágrimas son insuficientes para llorar un dolor tan intenso, cuando a la ausencia se añade la impresión de tener a un Dios adverso, convertido en torrentera arrolladora. ¡Qué lejana está la pequeña colina de Sión! El alma abatida y los huesos quebrantados inspiran la canción actual del dolor: «¿Por qué me has olvidado?». A esta voz íntima se suman las palabras, que, procedentes del exterior, agravan la herida: «¿Dónde está tu Dios?». No existe respuesta alguna. Con el estribillo se da cauce al dolor presente (7-12). La mirada hacia el futuro se describe en la tercera estrofa del salmo, que ya es el siguiente.


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