2

El Señor se inclinó a mí y escuchó mi grito

Yo esperaba impacientemente al Señor;

él se inclinó a mí y escuchó mi clamor.

3

Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa. Asentó mis pies sobre una roca, afianzó mis piernas.

4

Me puso en la boca un cántico nuevo, una alabanza a nuestro Dios. Muchos al verlo se sobrecogieron y confiaron en el Señor.

5

¡Feliz el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no se va con los idólatras que se extravían con engaños!

6

¡Cuántas maravillas has hecho tú, Señor Dios mío, cuántos planes en favor nuestro!; ¡eres incomparable! Quisiera anunciarlos, pregonarlos, pero superan todo número.

7

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas; me has abierto el oído; no pides holocaustos ni víctimas

8

entonces yo digo: aquí estoy, como en el libro está escrito de mí.

9

Deseo cumplir tu voluntad, Dios mío, llevo tu enseñanza en mis entrañas.

10

He proclamado tu justicia ante la gran asamblea, no, no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.

11

No he escondido en el pecho tu justicia, he anunciado tu fidelidad y tu salvación, no he ocultado tu amor y tu verdad a la gran asamblea.

12

Tú, Señor, no reprimas tu ternura hacia mí, que tu amor y fidelidad me guarden siempre,

13

porque me rodean innumerables desgracias, mis culpas me dan caza y no puedo huir; son más que los pelos de la cabeza y me va faltando el coraje.

14

¡Señor, dígnate librarme, date prisa, Señor, en socorrerme!

15

Queden avergonzados y confundidos los que me persiguen a muerte, retrocedan y queden abochornados los que desean mi daño.

16

Queden corridos de vergüenza los que se carcajean de mí.

17

Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan. Digan siempre: Grande es el Señor, los que anhelan tu salvación.

18

Yo soy un pobre desgraciado, pero el Señor piensa en mí. Tú eres mi ayuda y mi salvador, ¡Dios mío, no tardes!

Comentarios

40:2 - 40:18

El Señor se inclinó a mí y escuchó mi grito

La súplica escuchada, como respuesta a la espera impaciente (2-4, o 2-6), se convierte en apoyo ante una nueva tribulación y la espera de una nueva liberación (12-18). Acaso los versículos 5s sean el texto del «cántico nuevo» (4): por mucho empeño que ponga el poeta para contar o narrar las maravillas de Dios, siempre habrá un «algo más» o «alguien más» que excede la narración –«eres incomparable» (6)–. La segunda parte del poema (7-11) está encajada entre las dos mencionadas, y se relaciona con ellas. He aquí una serie de correspondencias entre la primera y la segunda parte: tus proezas me desbordan – quiero contarlas y no puedo; no puedo contentarme con los sacrificios preceptuados – porque me has asignado otra tarea. Entre la segunda y la tercera parte constatamos algunas repeticiones: tu fidelidad y tu salvación (11b)/ tu amor y fidelidad (12); amor a tu voluntad (9a)/ Dígnate [ten voluntad de] librarme (14a); – no he cerrado mis labios (10b) / no reprimas tu ternura (12a). El centro del salmo es el cumplimiento de la voluntad divina. No es la mera ley; es la instrucción de Dios, grabada en lo profundo del ser. Es una instrucción «evangelizadora» para anunciar, decir, proclamar, etc., pero no algo aprendido en los libros, sino algo vivido en la existencia. Heb 10,5-10 cita y comenta los versículos 7-9. El Señor vino a cumplir la voluntad de quien lo envió (Jn 6,38). Quien ha experimentado el amor o la ternura divina se sentirá impulsado a anunciarlo, como grato mensaje, aunque sea a costa de la vida.


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