Salmos
Capítulo 128
1
¡Dichoso el que teme al Señor!
¡Dichoso el que respeta al Señor
y sigue sus caminos!
2
Comerás del trabajo de tus manos, ¡dichoso, tú, que te irá bien!
3
Tu mujer, como una vid fecunda, en la intimidad de tu casa, tus hijos como brotes de olivo en torno a tu mesa.
4
Así bendecirá el Dios fiel al varón que respeta al Señor.
5
Que el Señor te bendiga desde Sión, disfruta del bienestar de Jerusalén, todos los días de tu vida.
6
Goza de los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!

Comentarios
¡Dichoso el que teme al Señor!
Celebra este salmo de las subidas la dicha de la vida familiar, como es patente por el doble «dichoso» (1a.2b), por la doble bendición (4a.5a), por el doble bien o bienestar (2b.5b) y por la paz final (6b). El trabajo del hombre no es «en vano», como en el salmo anterior, sino que lleva la bendición de Dios, porque cuenta con Él. Todos están ocupados: el padre en el trabajo, la mujer en la casa y la familia reunida en torno a la mesa. Las imágenes vegetales (3) sugieren la fecundidad y el crecimiento. Los dos símbolos aluden a Israel. El salmo propicia un paso de la familia a Jerusalén, madre de Israel. El simbolismo matrimonial se refiere a Cristo y a la Iglesia en Ef 5,21-32. Podemos orar con este salmo, unidos a la pequeña familia en la que nacimos o que formamos, y también en vinculación con la gran familia, la Iglesia, reunida en torno a la mesa del Señor.