1

Los dos caminos

Dichoso quien no acude

a la reunión de los malvados

ni se detiene en el camino de los pecadores

ni se sienta en la sesión de los arrogantes;

2

sino que su tarea es la ley del Señor y susurra esa ley día y noche.

3

Será como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo, su fronda no se marchita; en todo lo que hace, prospera.

4

No sucede así con los malvados, serán como paja que lleva el viento.

5

Por eso los malvados no se levantarán en el tribunal, ni los pecadores en la asamblea de los justos.

6

Porque el Señor se ocupa del camino de los justos, pero el camino de los malvados se disolverá.

Comentarios

1:1 - 1:6

Los dos caminos

Este salmo, pórtico al salterio, contrapone dos modos de ser y de proceder. El justo es dichoso porque hace de la instrucción divina, convertida ya en Ley, su tarea. La Ley es como un caudal de agua perenne, vivifica todo y confiere al hombre justo una vitalidad como la de un vegetal que no se marchita (cfr. Sal 92,13-15). Así como todo lo que produce el árbol llega a su sazón, la vida del justo tendrá éxito, porque Dios custodia o se ocupa del camino de los justos (cfr. Jos 1,8; Sal 37,31). Los malvados son «pecadores» y «arrogantes». Se mofan del Nombre divino y desprecian su instrucción y su Ley. Por muy organizados que parezcan –en «reunión», «camino» y «sesión»–, Dios disolverá sus organizaciones cuando ejerza como juez, y los malvados se convertirán en paja a merced del viento. Quien ora con este salmo, buscando la auténtica felicidad, sabe que, unidos al Señor, daremos mucho fruto (Jn 15,16).


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