Salmos
Capítulo 70
2
¡Oh Dios, ven a librarme!
¡Oh Dios, apresúrate a librarme, Señor,
date prisa en socorrerme!
3
Queden derrotados y humillados los que me persiguen a muerte, retrocedan confundidos los que desean mi daño.
4
Retírense avergonzados los que se carcajean de mí.
5
Alégrense y gocen conmigo todos los que te buscan; Digan siempre: ¡Dios es grande!, los que anhelan tu salvación.
6
Yo soy humilde y pobre, ¡oh Dios, ven pronto a mí! Tú eres mi auxilio y mi salvador, ¡Señor, no tardes!

Comentarios
¡Oh Dios, ven a librarme!
Esta súplica individual, que es una repetición de Sal 40, 14-18 con pequeñas variantes, está formada por una maldición (3s) y una bendición (5), enmarcadas entre un invitatorio (2) y una conclusión (6). La confusión será para quienes se burlan del salmista; la bendición, para quienes confiesan la grandeza divina. La urgencia del comienzo del salmo y la súplica «¡No tardes!» al final se dan la mano. Dios debe apresurarse porque tiene ante sí a un pobre y oprimido. Las burlas del enemigo son las de Mt 27,42s.; su retroceso tiene lugar en el huerto (cfr. Jn 18,6). El pobre es aquel que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros (2 Cor 8, 9). Cuando deseamos suplicar por nosotros mismos o por los demás, podemos recurrir a este salmo.