1

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Señor, ¿quién se hospedará en tu tienda?,

¿quién habitará en tu monte santo?

2

–El que procede honradamente y practica la rectitud;

3

el que dice de corazón la verdad y no calumnia con su lengua; no hace mal al prójimo ni difama a su vecino;

4

el que mira con desprecio al réprobo y honra a los que respetan al Señor; el que no se retracta aun jurando en su perjuicio;

5

no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que obra así nunca fallará.

Comentarios

15:1 - 15:5

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

Más allá de la imagen del Templo, el creyente anhela estar con Dios, ser con Dios. Quien abriga este vehemente deseo, formulado en la pregunta (1), debe ser honrado, recto y sincero (2). Son tres actitudes generales. Las tres condiciones siguientes (3) se relacionan con el comportamiento hacia el prójimo. El que desea estar con Dios debe ser partidario de los amigos de Dios, estar en contra de los enemigos de Dios –que han sido reprobados por Él–, y respetar el juramento, que consagra la acción prometida (4). Son tres acciones en las que Dios y el prójimo se unen. Dos acciones más tienen un alcance económico-jurídico (5). Un conjunto de diez u once mandamientos, según se relacionen el primero con el segundo, da a quien los cumple una estabilidad semejante a la de la creación: «nunca fallará» o «no vacilará», porque se fundamenta en Dios. Nosotros nos hemos «acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo» (Heb 12,22). La observancia de los mandamientos sin el perfume del amor es un mero cumplimiento.


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