Salmos
Capítulo 146
Confianza solo en Dios
¡Aleluya!
Alaba, alma mía, al Señor
alabaré al Señor mientras viva, cantaré para mi Dios mientras exista.
No confíen en los poderosos, en un hombre incapaz de salvar:
exhala su aliento y vuelve a la tierra, ese día acaban sus planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob: su esperanza es el Señor su Dios,
que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos; que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos; da pan a los hambrientos; el Señor libera a los cautivos;
el Señor da vista a los ciegos; el Señor endereza a los encorvados; el Señor ama a los honrados;
el Señor protege a los emigrantes; sustenta al huérfano y a la viuda y anula el poder de los malvados.
El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. ¡Aleluya!

Comentarios
Confianza solo en Dios
Este himno a Dios, creador del universo y defensor del pobre, contrapone la fe en el hombre (3s) a la fe en Dios (5-10). Comienza con una introducción (1s) y, a lo largo de la segunda estrofa, desfilan «doce» bellísimos títulos divinos. Es una fe operante, que da paso a la esperanza. Nada podemos esperar del ser humano; por muy poderoso que sea, es incapaz de salvar (3); es tan efímero como nosotros. Dios, por el contrario, tiene recursos para todo. Tenerlo como protector es una auténtica dicha (5). Es el Dios fiel y justo, eterno y duradero, sus proyectos no son caducos, porque su amor es eterno. Muestra la fidelidad de su amor hacia todos los que son débiles y pueden buscar su salvación en los poderosos. Quienes están en situación de inferioridad por causa de otros (oprimidos, hambrientos y cautivos) o por enfermedad (ciegos y desfallecidos) o por circunstancias de la vida (emigrantes, huérfanos y viudas) se benefician de la fidelidad amorosa de Dios. También a los justos llega el amor de Dios. La realidad divina suscita una reacción alborozada: «Alabad al Señor» (¡Aleluya!). El discurso programático de Jesús en la sinagoga de Nazaret (cfr. Lc 4,17-22) actualiza la temática de este salmo. Los proyectos humanos pueden ser ambiciosos y desafiantes; no por ello anularán el proyecto divino. Si confiamos totalmente en Dios, si de verdad creemos en Él, podemos orar con este salmo.