2

¿Hasta cuando, Señor?

¿Hasta cuándo, Señor, me olvidarás?,

¿eternamente?

¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

3

¿Hasta cuándo estaré angustiado, con el corazón apenado todo el día? ¿Hasta cuándo triunfará mi enemigo?

4

Mírame, respóndeme, Señor, Dios mío, da luz a mis ojos, o me dormiré en la muerte.

5

Que no diga mi enemigo: lo he vencido, ni mi adversario se alegre de mi fracaso.

6

Pero yo confío en tu benevolencia, mi corazón se alegra por tu ayuda; cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

Comentarios

13:2 - 13:6

¿Hasta cuando, Señor?

El «tiempo» de Dios no es comparable al tiempo humano. Aquél se mide por eternidades; éste por breves días que confinan con la muerte. Si Dios no mira y atiende (4a), desaparecerá la luz de la vida y los ojos se entenebrecerán (4b). Sólo existe una disyuntiva: la mirada de Dios o el sueño de la muerte. Nacen así el apremio y la urgencia con los que el salmista se dirige a Dios: la repetición de: «¿Hasta cuándo?» (2s). El ser humano dispone de un tiempo muy limitado. Es urgente que Dios responda para que el enemigo no cante victoria (5). Pese a todo, se impone la confianza en la benevolencia divina (6). La muerte, en efecto, ya no es el sueño definitivo, según leemos en Ef 5,14. ¡El amor vence a la muerte! Convencidos de ello, podemos orar con el presente salmo.


Scroll to Top