1

Vengan, aclamemos al Señor

Vengan, aclamemos al Señor,

vitoreemos a la Roca salvadora;

2

entremos a su presencia dándole gracias, vitoreándolo con cánticos.

3

Porque el Señor es el gran Dios, el gran Rey de todos los dioses:

4

tiene en sus manos las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes;

5

suyo es el mar porque él lo hizo, y la tierra firme que modelaron sus manos.

6

Entremos, inclinémonos y postrémonos, arrodillémonos ante el Señor, Creador nuestro,

7

porque él es nuestro Dios y nosotros el pueblo que apacienta, el rebaño que cuida. ¡Oh, si escuchasen hoy su voz!

8

No endurezcan su corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto:

9

donde sus antepasados me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

10

Durante cuarenta años detesté a aquella generación, y dije: Son un pueblo de corazón extraviado que no reconoce mi camino;

11

por eso juré indignado: No entrarán en mi descanso.

Comentarios

95:1 - 95:11

Vengan, aclamemos al Señor

Este salmo se compone de un himno (1-7c) y de un oráculo profético (7d-11). El himno se articula en dos pequeños himnos paralelos (1-5. 6-7c), con su invitación (1-6) y cuerpo hímnico (3-5.7). Las invitaciones a la alabanza tienen sus motivaciones: Dios es nuestra Roca (1), el Gran Rey (3), el Creador y dueño de todo: simas y crestas, mar y tierra firme (4s). Todo ha sido modelado por las manos divinas (5), que sostienen todo. Todo el cuerpo ha de ser un himno de alabanza: inclinación, postración profunda, rodilla en tierra (6) ante nuestro Creador y Pastor (6s). La postración profunda es un acto de sumisión y obediencia. Evoca los momentos de desobediencia: la «querella» con Dios (Meribá, cfr. Éx 17,7) y el lugar de la «tentación» (Masá). Que la generación presente no imite a los antepasados. La permanencia en la tierra, en el descanso divino, depende de la obediencia del pueblo. Los versículos 7-11 tienen su comentario homilético en Heb 3,12–4,11. Al orar con este salmo, escuchemos el siguiente deseo: «¡Oh, si escuchasen hoy su voz…!». El cumplimiento del deseo también hoy depende de la obediencia.


Scroll to Top