Salmos
Capítulo 64
Escucha, Dios, mi voz que se queja
Escucha, oh Dios, la voz de mi gemido,
protege mi vida de la banda hostil;
escóndeme del tropel de los malvados, de la camarilla de los malhechores.
Afilan la lengua como un puñal y asestan como flechas, palabras envenenadas,
para disparar a escondidas contra el inocente: le disparan de improviso y sin temor.
Se obstinan en su palabra delictiva, calculan cómo esconder trampas, y se dicen: ¿Quién nos descubrirá,
y escrutará nuestro crimen perfecto? Los escruta el mismo que escruta hasta lo íntimo del hombre y la profundidad del corazón.
Dios les disparará una flechan: y súbitamente serán heridos;
los doblegará a causa de su lengua, quienes los ven menearán la cabeza.
Todos los humanos temerán, anunciarán la obra de Dios y entenderán su actuación.
Que el honrado festeje al Señor, que se refugie en él y los corazones sinceros se feliciten.

Comentarios
Escucha, Dios, mi voz que se queja
En esta súplica individual los enemigos actúan con cobardía y alevosía: se esconden y disparan «de improviso e impávidos» (5b). Su arma es la palabra calumniadora, más mortífera que la espada y los dardos. Son muchos –banda, tropel, camarilla– los malvados contra un inocente. Han tramado tan bien su actuación, que nadie los descubrirá (6b). No cuentan con Aquel que escruta los riñones y el corazón (7b), y llega, por ello, allá donde se preparan las armas: a la profundidad del corazón (7b). El contraataque de Dios es imprevisto (8), como lo había sido el ataque (5b), y también es certero (8b). Los espectadores han visto todo desde el principio. Una vez que han contemplado la actuación divina, se burlan de los enemigos (9b), temen ante la fulminante reacción divina, publican lo que Dios ha hecho, reflexionan y aprenden (10). Los festejos son para el Señor (11). Para las burlas con el movimiento de cabeza, cfr. Mt 27,39; para el temor ante la actuación de Dios, cfr. Mt 27,54. Cuando la vida corre peligro o somos heridos por palabras afiladas, es tiempo de orar con este salmo.