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Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo

¡Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo:

mi garganta está sedienta de ti,

mi carne desfallece por ti

como tierra seca, reseca sin agua!

3

Que así te contemple en el santuario viendo tu poder y tu gloria.

4

Porque tu amor vale más que la vida, te alabarán mis labios.

5

Que así te bendiga mientras viva, alzando las manos en tu Nombre.

6

Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mi boca te alabará con labios jubilosos.

7

Si en mi lecho me acuerdo de ti, en mis vigilias medito en ti,

8

porque tú has sido mi ayuda, y a la sombra de tus alas salto de gozo.

9

Mi vida está unida a ti y tu mano me sostiene.

10

Pero los que intentan quitarme la vida vayan a lo profundo de la tierra;

11

sean pasados a filo de espada, sirvan de pasto a los chacales.

12

Pero el rey se alegrará en Dios, el que jura por él se felicitará, cuando tapen la boca a los mentirosos.

Comentarios

63:2 - 63:12

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo

Salmo de confianza, estructurado en tres cánticos: la sed (2-4), el hambre (5-9) y el juicio divino (10-12). La intensa espiritualidad del salmo tiene una densidad corpórea, como detectamos en el desfile de los sentidos: la garganta sedienta y la carne desfallecida (2), la boca que alaba (6), los ojos que desean ver (3), las manos que se elevan (5b), el contacto de las manos (9), el calor del cuerpo adherido (9a), madrugar (2) y acostarse (7) … Y todos los sentidos van más allá de lo sensible; el símbolo es trascendente. El orante vive una aguda sed de Dios (2), toca la mano divina (9b), etc. La sed es tan intensa como la del desierto: tierra «seca, reseca sin agua» (2b). ¡Ojalá que perdure esa intensidad mientras se contempla a Dios en el Templo y a lo largo de la vida! (3.5), mientras se sacia de comida y descansa en el lecho (6s), sencillamente porque «mi vida está unida a ti» (9a). La imprecación queda para quienes «intentan quitarme la vida» (10a). El Jesús de Juan ha hablado del agua y de la sed a lo largo del evangelio (cfr. Jn 4,13-14; 7,37). En la cruz dice: «Tengo sed» (Jn 19,28). El inquieto corazón humano descansará solo cuando descanse en Dios; hasta que llegue ese momento, será oportuno orar con este salmo.


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