2

Dichoso el que cuida del desvalido

Feliz el que cuida del desvalido:

el Señor lo librará en el día aciago.

3

El Señor lo protegerá y lo conservará vivo, será dichoso en la tierra, y no lo entregará a las fauces de sus enemigos.

4

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, transformará la cama de su enfermedad.

5

Yo dije: Señor, ten piedad, sáname, que he pecado contra ti.

6

Mis enemigos hablan mal de mí: ¿Cuándo morirá y se perderá su apellido?

7

Si alguien viene a visitarme su corazón miente y acumula maldad, sale a la calle y lo comenta.

8

Los que me odian se reúnen a murmurar de mí, me achacan la enfermedad que padezco:

9

Ha contraído una enfermedad mortal; el que se acostó no se levantará.

10

Incluso mi amigo, en quien confiaba, y que compartía mi pan me pone zancadillas.

11

Mas tú, Señor, ten piedad, ponme en pie y les daré su merecido.

12

En esto conozco que me quieres: que mi enemigo no cantará victoria a mi costa.

13

Tú me sostendrás en mi integridad y me mantendrás siempre en tu presencia.

14

Bendito sea el Señor Dios de Israel, desde siempre y por siempre. Amén, amén.

Comentarios

41:2 - 41:14

Dichoso el que cuida del desvalido

Quien cuida del desvalido tendrá un buen cuidador, cuando le visite la enfermedad (4). Antes de llegar a ese trance, el Señor lo librará, lo guardará, lo conservará, no lo entregará, lo sostendrá. Ya ahora es dichoso y continuará siendo dichoso (2-4). La enfermedad y los pecados –siempre unidos–, el desprecio y los malos deseos, las calumnias de los enemigos y también de los amigos indican que ha llegado el momento de que Dios actúe como cuidador (5-10). «Ten piedad», insiste; es decir: devuélveme la salud, pues yo te he confesado mi pecado. Será una prueba concreta del amor que Dios le tiene. «Me conservarás», dijo al principio de la plegaria, ahora completa: «Me mantendrás siempre en tu presencia» (13). Con la doxología del versículo 14 finaliza el primer libro del salterio. Jn 13,18 pone en labios de Jesús el versículo 10 del salmo. La bienaventuranza de los misericordiosos (Mt 5,7) repite casi a la letra la bienaventuranza del salmo. Podemos orar con este salmo para estimular nuestra solicitud por los demás, para caminar hacia quien es nuestra esperanza, para desahogar nuestros dolores.


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