Salmos
Capítulo 95
Vengan, aclamemos al Señor
Vengan, aclamemos al Señor,
vitoreemos a la Roca salvadora;
entremos a su presencia dándole gracias, vitoreándolo con cánticos.
Porque el Señor es el gran Dios, el gran Rey de todos los dioses:
tiene en sus manos las simas de la tierra, son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar porque él lo hizo, y la tierra firme que modelaron sus manos.
Entremos, inclinémonos y postrémonos, arrodillémonos ante el Señor, Creador nuestro,
porque él es nuestro Dios y nosotros el pueblo que apacienta, el rebaño que cuida. ¡Oh, si escuchasen hoy su voz!
No endurezcan su corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto:
donde sus antepasados me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años detesté a aquella generación, y dije: Son un pueblo de corazón extraviado que no reconoce mi camino;
por eso juré indignado: No entrarán en mi descanso.

Comentarios
Vengan, aclamemos al Señor
Este salmo se compone de un himno (1-7c) y de un oráculo profético (7d-11). El himno se articula en dos pequeños himnos paralelos (1-5. 6-7c), con su invitación (1-6) y cuerpo hímnico (3-5.7). Las invitaciones a la alabanza tienen sus motivaciones: Dios es nuestra Roca (1), el Gran Rey (3), el Creador y dueño de todo: simas y crestas, mar y tierra firme (4s). Todo ha sido modelado por las manos divinas (5), que sostienen todo. Todo el cuerpo ha de ser un himno de alabanza: inclinación, postración profunda, rodilla en tierra (6) ante nuestro Creador y Pastor (6s). La postración profunda es un acto de sumisión y obediencia. Evoca los momentos de desobediencia: la «querella» con Dios (Meribá, cfr. Éx 17,7) y el lugar de la «tentación» (Masá). Que la generación presente no imite a los antepasados. La permanencia en la tierra, en el descanso divino, depende de la obediencia del pueblo. Los versículos 7-11 tienen su comentario homilético en Heb 3,12–4,11. Al orar con este salmo, escuchemos el siguiente deseo: «¡Oh, si escuchasen hoy su voz…!». El cumplimiento del deseo también hoy depende de la obediencia.