1

Confianza en Dios

El que habita al amparo del Altísimo

y pernocta a la sombra del Todopoderoso,

2

diga al Señor: Tú eres mi refugio y mi alcázar, mi Dios en quién confío.

3

Sólo Él te librará de la red y te defenderá de la peste funesta;

4

te cubrirá con sus plumas, y bajo sus alas te refugiarás; su brazo será escudo y coraza.

5

No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día,

6

ni la peste que se desliza en las tinieblas, ni la plaga que acecha a mediodía.

7

Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha, a ti no te alcanzarán.

8

Basta con que abras tus ojos, para ver la paga de los malvados,

9

porque hiciste del Señor tu refugio, del Altísimo, tu morada.

10

No se te alcanzará la desgracia ni la plaga se acercará tu tienda,

11

porque a sus ángeles ordenará que te guarden en tus caminos.

12

Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra.

13

Caminarás entre leones y víboras, pisotearás cachorros y dragones.

14

Porque me ama, lo libraré, lo protegeré porque me reconoce.

15

Me llamará y le responderé, estaré con él en la angustia, lo defenderé y honraré.

16

Lo saciaré de larga vida y le haré ver mi salvación.

Comentarios

91:1 - 91:16

Confianza en Dios

Una voz anónima, acaso la de un liturgo, invita a quien ya vive en el Templo a manifestar su confianza en Dios como refugio y alcázar (1s). El liturgo continúa hablando al orante. Lo primero que le dice es cómo actuará Dios (3s) y le enumera los cuatro peligros que le acechan: espanto y flecha, peste y plaga (5s). Unos actúan de noche, otros a plena luz del mediodía. Curiosamente, son cuatro, como los cuatro nombres divinos al comienzo del salmo (1s). No sabemos quiénes caen a diestra y siniestra, si enemigos o flechas. Quizá sean enemigos, a quienes se les da la caída como paga (8). Nada de esto sucederá a quien confía en Dios: no ha de temer (5), porque el Dios en quien confía es refugio y morada (9); su brazo es escudo que empuña y coraza que cubre todo el cuerpo (4c). Existen otros seres hostiles (13), ante los que, nuevamente, nada ha de temer quien confía en Dios, porque ahora Dios despacha a sus «ángeles»; ellos protegerán al viandante (10-12). El salmo concluye con una palabra divina. No sabemos si es pronunciada por Dios o por el liturgo (14-16): «me conoce y me ama, pues yo lo protegeré». Mt 4,5s y Lc 4,9-11 citan los versículos 11s del salmo. Conviene orar con este salmo para ratificar y purificar nuestra confianza en Dios, precisamente cuando nos acechen los peligros.


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