1

A ti levanto los ojos

A ti levanto mis ojos, a ti,

entronizado en el cielo.

2

Como los ojos de los esclavos miran la mano de sus señores, como los ojos de la esclava miran la mano de su señora, nuestros ojos miran al Señor, Dios nuestro, hasta que se apiade de nosotros.

3

¡Piedad, Señor, ten piedad!, que estamos hartos de desprecios,

4

estamos demasiado hartos del sarcasmo de los insolentes, del desprecio de los orgullosos.

Comentarios

123:1 - 123:4

A ti levanto los ojos

El poema se mueve entre la altanería y la humildad, entre el desprecio y la piedad. Los orgullosos (4) son altaneros: miran hacia lo alto, tratando de alcanzar una mayor grandeza, aunque sea anulando a otros y despreciándolos (3b-4). Quien está postrado como esclavo o esclava dirige una mirada confiada a la mano de su señor o señora. Es una mano que no amenaza, sino que concede favores. La mirada del esclavo va más allá: levanta los ojos a quien está entronizado en el cielo (1). De él espera confiadamente que se incline y tenga piedad (3). La mujer cananea pide a Jesús que tenga piedad (Mt 15,22-25). El publicano no se atrevía a levantar los ojos al cielo (Lc 18,10-14). Aún existen demasiados esclavos en nuestra tierra, que nos invitan a orar con este salmo.


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