Salmos
Capítulo 101
1
Voy a cantar tu bondad y justicia, Señor
Voy a cantar la bondad y la justicia:
tocaré para ti, Señor;
2
cantaré tu perfecto proceder: ¿cuándo vendrás a mí? Quiero obrar con rectitud dentro de mi palacio.
3
No pondré ante mis ojos nada abominable; odiaré al fabricante de ídolos, jamás se juntará conmigo.
4
Lejos de mí un corazón perverso, no protegeré al malvado.
5
Al que en secreto habla mal de su prójimo lo haré callar; ojos altaneros, corazones arrogantes, los destruiré.
6
Me fijaré en los leales del país, para que vivan conmigo; el que procede honradamente estará a mi servicio.
7
Jamás habitará en mi palacio el que actúa con engaño, el mentiroso no aguantará ante mis ojos.
8
Cada mañana haré callar a los malvados del país, eliminando de la Ciudad de Dios a todos los malhechores.

Comentarios
Voy a cantar tu bondad y justicia, Señor
Este salmo ha sido llamado «espejo de príncipes» o «discurso de la corona». El príncipe heredero o el joven monarca anuncia las líneas programáticas de su gobierno. La vida ejemplar que se propone es, en definitiva, una canción al amor y a la justicia del Señor. Con su vida, coreará el proceder perfecto del Señor (1-2a). Quien se propone lo que dice en el programa no es más que un vasallo, que invita al Soberano a que le visite: «¿Cuándo vendrás a mí?» (2b). La conducta del príncipe o del monarca será íntegra (2c), semejante a la del Señor. No soportará a los idólatras ni a los fabricantes de ídolos (3); su corazón íntegro no tolerará junto a sí un corazón perverso (4); acabará con los difamadores y con los arrogantes (5), también con los malvados y con los malhechores (8); sus servidores serán los leales y quienes proceden honradamente (6), no los engañadores ni los mentirosos (7). Sueña con una ciudad ideal, en la que no quepan los malvados ni los malhechores, por ser la ciudad del Señor (8). Jesús vino a servir y quiso rodearse de servidores (Mc 10,41-45), a la vez que proclamó la bienaventuranza de los pobres y de los perseguidos (Mt 5,3.10). Éste es un buen salmo para afrontar nuestras responsabilidades en la Iglesia y en la sociedad.