1

Junto a los canales de Babilonia

Junto a los canales de Babilonia nos sentamos,

y lloramos con nostalgia de Sión.

2

En los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.

3

Allí mismo los que nos deportaron nos pedían canciones, nuestros opresores, canciones alegres: Cántennos una canción de Sión.

4

¡Cómo cantar un canto del Señor en tierra extranjera!

5

Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha,

6

que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no exalto a Jerusalén como colmo de mi alegría.

7

A los idumeos, Señor, tenles en cuenta el día de Jerusalén, cuando incitaban: ¡Desnúdenla, desnúdenla hasta los cimientos!

8

¡Capital de Babilonia, destructora, Dichoso el que te pague el mal que nos has hecho!

9

¡Dichoso el que agarre y estrelle a tus hijos contra la peña!

Comentarios

137:1 - 137:9

Junto a los canales de Babilonia

Lamentación comunitaria en tres estrofas: Los canales de Babilonia (1-4), el recuerdo de Jerusalén (5s) e imprecaciones, más súplica (7-9). Si ambientamos esta elegía en Babilonia, el poema es un cántico de resistencia: ¡Jerusalén por encima de todo! Si fue compuesto por quienes retornaron, es un recuerdo de las penalidades del destierro. En cualquier caso, el poema está lleno de sentimiento dolorido y nostálgico. La postura del que está sentado es una traducción corporal del llanto o del espíritu postrado por la nostalgia. La cítara, que nació para ser pulsada, ha de permanecer muda, pendiente en las ramas de árboles que tienen la copa caída, por los suelos. Cantar canciones de Sión en tierra extranjera sería una afrenta e incluso una blasfemia: el nombre de la Jerusalén perdida y el sacrosanto Nombre de Dios no han de ser mancillados en una tierra llena de sangre. Jerusalén, el colmo de la alegría, se ha tornado en vértice de la tristeza y, pese a todo, Jerusalén continúa siendo la ciudad amada; mucho más amada que la lengua o la mano. La primera puede paralizarse y la segunda, enmudecer, porque la cítara continuará silenciosa. Si los opresores quieren una canción, vaya para ellos una bienaventuranza sarcástica (9). Tampoco los idumeos han de irse de vacío. Ellos alentaron a los babilonios a reducir Jerusalén a cenizas hasta los cimientos. Quien así alentaba a dejar desnuda a la Dama amada, no ha de quedar impune: que el Señor se lo tenga en cuenta. El amor apasionado a Jerusalén y al Señor está por encima de todo. Ap 14,8; 16,19; 17,5; 18,2.10.21 acepta el eje del salmo Jerusalén/Babilonia para referirlo a la nueva Jerusalén y a la «gran ciudad», símbolo del mal. ¿Nos duele la fe? ¿Sudamos sangre por mantener un amor fiel al Señor? ¿A quién amamos con todo nuestro ser, aun a costa de nuestra integridad física? Oramos con este salmo unidos a todos los que aman a Dios por encima de todo.


Scroll to Top