Salmos
Capítulo 60
Oh Dios, nos has rechazado y destrozado
Oh Dios, nos has rechazado y destrozado,
estabas airado, ¡vuélvete a nosotros!
Has sacudido la tierra y la has hendido, ¡repara sus grietas, que se desmorona!
Diste a beber a tu pueblo una copa, nos hiciste probar un vino de vértigo.
Ofrece una señal a tus fieles, para que escapen de los arcos.
Para que tus amigos sean liberados, respóndenos y que tu diestra nos salve.
Dios habló desde su santuario: – Triunfante repartiré Siquén, parcelaré el Valle de Sucot;
mío es Galaad, mío Manasés. Efraín es el casco de mi cabeza, Judá, mi bastón de mando.
Moab, una vasija para lavarme, sobre Edón lanzo mi sandalia, sobre Filistea, mi grito de conquista.
¡Quién me llevara a la ciudad fortificada, quién me condujera a Edón!
Pero tú, oh Dios, ¿no nos has rechazado?, ¿sales aún con nuestras tropas?
Ayúdanos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es vana
Con Dios haremos proezas, él aplastará a nuestros enemigos.

Comentarios
Oh Dios, nos has rechazado y destrozado
Amarga antífona para comenzar (3). La situación es calamitosa. La nación está desolada: ¿por un terremoto? ¿Por la guerra? ¿Es una creación poética? Tal vez la segunda hipótesis sea más convincente. El causante de tan grande desgracia es Dios, que ha dado a beber a su pueblo «una copa», un «vino de vértigo» (5): el castigo hasta la ejecución capital (cfr. Is 51,17.22). En este hecho se fundamenta la amplia queja, respetuosa y confiada, de los versículos 3-6. El salmista pide en una nueva antífona la intervención divina (7), a la que sigue un oráculo: Dios es un guerrero que conquista y distribuye el terreno conquistado, aunque se reserve para sí algunos territorios como predio de la corona (8b-10). Pese al oráculo divino, el orante muestra su escepticismo: «¡quién me llevará…!» (11), a la vez que se interroga a sí mismo y a Dios con confianza (12). La confianza desemboca en la esperanza de la ayuda divina (14). Pese a la evidencia presente, se impone la certeza de la confianza (14), en marcado contraste con la antífona inicial. También la Iglesia perseguida se siente derrotada y pide auxilio. He aquí un salmo para orar con ella ante las catástrofes que asolan a la humanidad.