2

Escucha, oh Dios, mi clamor

¡Escucha, oh Dios, mi clamor,

atiende a mi súplica!

3

Desde el confín de la tierra te invoco con el corazón abatido. Llévame a una roca inaccesible,

4

porque tú eres mi refugio, mi fortaleza frente al enemigo.

5

Quiero hospedarme siempre en tu tienda, refugiado al amparo de tus alas,

6

pues tú, oh Dios, escuchaste mis votos, me diste la heredad de los fieles a tu Nombre.

7

Añade días a los días del rey, que sus años sean por generaciones;

8

que reine siempre en presencia de Dios, que lealtad y fidelidad le hagan guardia.

9

Y yo cantaré siempre en tu honor cumpliendo mis votos día a día.

Comentarios

61:2 - 61:9

Escucha, oh Dios, mi clamor

Se eleva el clamor suplicante (2) desde el confín de la tierra (3a): ¿desde el campo de batalla o desde el destierro? Acaso sea mejor no saberlo y que el salmo permanezca abierto. Quien ora –¿el rey?, ¿un sacerdote?, ¿el poeta sin más?, tampoco lo sabemos— pide un doble refugio: que Dios sea su «roca inaccesible» para el enemigo o su «fortaleza» (3b-4), y también que lo acoja nuevamente en el Templo, a las sombras de sus alas (5). La experiencia del pasado es garantía de la esperanza del presente (6). Inesperadamente se pide por el rey. Acaso el recuerdo de Jerusalén y del Templo atrae, por asociación, la presencia del soberano –tampoco lo sabemos–. Para el monarca se pide una vida larguísima y, sobre todo, que sea escoltado por dos personificaciones divinas: Lealtad y Fidelidad (7s). La alabanza continua refleja la seguridad del fiel en la respuesta divina (9). Ser huésped en la tienda evoca pasajes del Nuevo Testamento, como Heb 11,13; 2 Cor 5,6; Ef 2,19. Al orar con este salmo, podemos fomentar el deseo de morar junto a Dios y con Él.


Scroll to Top