Salmos
Capítulo 51
Misericordia, oh Dios, por tu bondad
Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa,
lava del todo mi delito y limpia mi pecado.
Porque yo reconozco mi culpa y tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad ante tus ojos; así serás justo cuando juzgues e irreprochable cuando sentencies.
Mira, culpable nací, pecador me concibió mi madre.
Tú quieres la sinceridad interior y en lo íntimo me inculcas sensatez.
Rocíame con el hisopo y quedaré limpio, lávame y blanquearé más que la nieve.
Hazme sentir gozo y alegría, salten de gozo los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista y borra todas mis culpas.
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu presencia ni me quites tu santo espíritu;
devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con tu espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos, y los pecadores volverán a ti.
Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios y Salvador mío, y mi lengua aclamará tu justicia.
Señor mío, ábreme los labios y mi boca proclamará tu alabanza.
Un sacrificio no te satisface, si te ofreciera un holocausto, no lo aceptarías.
El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado, un corazón arrepentido y humillado, oh Dios, no lo desprecias.
Favorece a Sión por tu bondad, reconstruye la muralla de Jerusalén;
entonces aceptarás sacrificios estipulados, las ofrendas y el holocausto, y sobre tu altar se inmolarán novillos.

Comentarios
Misericordia, oh Dios, por tu bondad
El acusado, en el salmo anterior, responde en este, que se mueve entre la oscura región del pecado (3-11) y la luminosa tierra de la gracia (12-14). Los versículos 20s son una adición posterior. La presencia del pecado es envolvente en la primera parte: hasta doce veces se deja constancia de su presencia, recurriendo a distintos nombres. El acusado puede decir con toda verdad: «Tengo siempre presente mi pecado» (5b). Aunque los pecados denunciados en el salmo anterior se refieran a la relación con el prójimo, también es cierto este otro: «Contra ti, contra ti solo pequé» (6); el pecador ha quebrantado la alianza. El acusado se sabe radicalmente pecador, o, mejor, «culpable» desde su nacimiento (7). Su pecado es mancha, que pide ser lavada (4.9) o deuda que ha de ser condonada (11). Si Dios, justo, actúa conforme a su justicia salvadora y se inclina hacia el pecador mostrando piedad (3), el pecador adquirirá una blancura más intensa que la nieve y, con la purificación, vendrá la alegría (10). Se anticipa en este versículo el tema de la segunda parte: la luminosidad de la gracia. El Creador recrea mediante la acción del espíritu o del aliento, como sucedió en la creación de Génesis. Tres veces se pide el espíritu (12-14): un espíritu firme y dispuesto, que se convierte en dinamismo de la acción humana. El salmista ofrece como don «un espíritu quebrantado». Es el sacrificio grato a Dios. Recreada y limpia, la lengua del pecador perdonado se desata en alabanzas (17-19). Los versículos añadidos tienen sentido: una vez que el pueblo ha pagado el doble de lo que merecía por sus pecados, en el destierro, es rehabilitado por la justicia divina. Bienvenidos sean ahora los sacrificios exteriores, expresión de la actitud interior. Cristo murió por nuestros pecados (1 Cor 15,3). Surge una nueva creación en virtud del Espíritu que habita en nosotros (Rom 8,9; 2 Cor 5,17, etc.), el amor y el perdón de Dios son la gran novedad (Rom 5,8). Es bueno orar con este salmo cuando nos sentimos abrumados por nuestras culpas, sean contra Dios o contra el hermano, y buscamos la bondad de Dios que nos justifica.