1

Te doy gracias de todo corazón, Señor

Te doy gracias de todo corazón;

frente a los dioses cantaré para ti.

2

Me postraré hacia tu santuario, dando gracias a tu Nombre, por tu amor y tu fidelidad; porque tu promesa supera a tu fama.

3

Cuando te llamé, me escuchaste, fortaleciste mi ánimo.

4

Te darán gracias, Señor, los reyes de la tierra al escuchar las palabras de tu boca.

5

Cantarán la soberanía del Señor: ¡qué grande es tu gloria, Señor!

6

Excelso es el Señor y mira al humilde, desde lejos conoce al soberbio.

7

Si camino entre peligros, me conservas vivo: ante la furia de mis enemigos extiendes tu izquierda y tu derecha me salva.

8

Que el Señor me defienda mientras viva. ¡Señor, tu Nombre es eterno, no abandones la obra de tus manos!

Comentarios

138:1 - 138:8

Te doy gracias de todo corazón, Señor

Acción de gracias del creyente (1s), de los reyes (4-6) y para el futuro (7s). El creyente que entona su acción de gracias se halla en un pueblo extranjero, lejos del santuario y rodeado de dioses. Su mirada se dirige al templo lejano y su fe es firme: se postra en dirección al santuario y da gracias a Dios aun encontrándose entre otros dioses (1-2a). Los motivos son clásicos: el amor y la fidelidad de Dios (2b) y la invocación escuchada (3). Supone el poeta que los oráculos de Dios se oyen en todo el mundo. Al escuchar la Palabra de Dios, los reyes de los pueblos darán gracias a Dios y reconocerán su singular grandeza, que consiste en que el Excelso mira al humilde (4-6). El orante no sabe cómo será su propio futuro. Está seguro, sin embargo, de que si los peligros son grandes, la mano de Dios es salvadora y su amor es eterno. Dios no puede abandonar la obra de sus manos. La acción de gracias tiene futuro. Oramos con este salmo para dar gracias a Dios por su actuación a favor nuestro y de nuestro pueblo.


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