1

El Señor reina, tiemblen las naciones

El Señor reina, tiemblen las naciones,

entronizado sobre querubines,

vacile la tierra.

2

El Señor es grande en Sión, excelso sobre todos los pueblos.

3

Confiesen su Nombre, grande y terrible: Él es Santo.

4

Oh Rey poderoso, que amas el derecho, tú has establecido la rectitud; tú administras en Jacob la justicia y el derecho.

5

Exalten al Señor, nuestro Dios, póstrense ante el estrado de sus pies: Él es Santo.

6

Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Samuel entre los que invocaban su Nombre: invocaban al Señor y él les respondía.

7

Dios les hablaba desde la columna de nube; ellos cumplían sus órdenes y la ley que les entregó.

8

Señor Dios nuestro, tú les respondías; eras para ellos un Dios de perdón, aunque castigabas sus delitos.

9

Exalten al Señor, nuestro Dios, póstrense en su monte santo: Santo es el Señor nuestro Dios.

Comentarios

99:1 - 99:9

El Señor reina, tiemblen las naciones

Un nuevo himno, el último, a la realeza y santidad de Dios. El estribillo separa las estrofas: 1. Dios reina en Sión (1-3). 2. La justicia de Dios (4s). 3. La revelación de Dios (6-9). Las tres estrofas tienen la misma estructura: una afirmación sobre Dios, una invitación a la alabanza y una aclamación final. En la primera estrofa se afirma la imponente realeza divina, que provoca el estremecimiento de los pueblos. Que todos le alaben diciendo: «Santo». Las virtudes que el Rey poderoso ama entrañablemente son la justicia y la rectitud. Que todos se postren ante él y proclamen: «Santo». Dios se manifestó a su pueblo, a quien entregó la ley como palabra suya. Se establece una religión del diálogo ante un Dios cercano, ejemplificada en Moisés, Aarón y Samuel. Que todo su pueblo se postre en el Templo y diga: «Nuestro Dios es santo», título del Dios de la Alianza. El trisagio suena en Ap 4,8, y los cánticos resuenan en la sección de las plagas (cfr. Ap 15,3.4; 6,5). La santidad no es huida del mundo, sino compromiso con él. Quien ora con este salmo desea que el Nombre de Dios sea santificado y que el mundo sea transformado por la santidad divina.


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