Salmos
Capítulo 113
1
El Dios de los humildes
¡Aleluya!
Alaben, siervos del Señor,
alaben el Nombre del Señor.
2
Bendito sea el Nombre del Señor ahora y por siempre.
3
Desde la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el Nombre del Señor.
4
El Señor es excelso sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos.
5
¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que está entronizado en lo alto
6
y se inclina para mirar desde cielo a la tierra?
7
Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre,
8
para sentarlo con los nobles, con los más nobles de su pueblo.
9
Pone al frente de su casa a la estéril, madre feliz de hijos. ¡Aleluya!

Comentarios
El Dios de los humildes
Himno de alabanza del Nombre de Dios (1-3), cuya trascendencia cósmica (4-6), no le impide la actuación en la historia (7-9). Dios y el hombre ponen nombre a las criaturas (Gn 1s). Sólo Dios puede comunicar su nombre personal y, con ello, se expone al uso y al abuso, si bien el abuso está protegido por un mandamiento. Conocido el nombre de Dios, el hombre lo invoca, respeta y ama. En este salmo lo alaba a lo largo del tiempo (2) y en lo ancho del espacio (3). La alabanza surge ante la grandeza del Señor y ante el hecho insólito de que el Excelso se abaje para mirar hacia la tierra (4-6). Es una bajada operativa: levanta del polvo al humilde, que puede ser muy bien el pueblo estéril por estar desterrado (9). Por todo ello, «Alabad al Señor». El salmo evoca el himno de Flp 2,6-11. Nuestro Dios no permanece aislado en su cielo. Ha bajado hasta la tierra. Se ha hecho uno de tantos, se identifica con los desvalidos. Ensalcemos el Nombre del Señor, grande y sublime, con el presente salmo.