2

Señor, tú me haces vivir tranquilo

Cuando te llamo, respóndeme Dios, defensor mío;

tú que en la estrechez me diste anchura,

ten piedad de mí, oye mi oración.

3

Señores, ¿hasta cuándo ultrajarán a mi gloria, amarán la falsedad y buscarán la mentira?

4

Sépanlo: el Señor ha distinguido a su amigo, el Señor me oye cuando lo llamo.

5

Tiemblen y dejen de pecar, reflexionen en el lecho y guarden silencio;

6

ofrezcan sacrificios justos y confíen en el Señor.

7

Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará la felicidad si la luz de tu rostro, Señor, se ha alejado de nosotros?

8

Pero tú has puesto en mi corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el vino.

9

Me acuesto en paz y en seguida me duermo, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado.

Comentarios

4:2 - 4:9

Señor, tú me haces vivir tranquilo

La confianza es el tema que predomina en este salmo (6.9). El orante (2) habla de Dios a otros: a los «señores», acaso enemigos (3-6), y a «muchos», tal vez amigos (7-9). Recoge las preguntas de ambos grupos y responde a ellas. Los «señores» han abandonado la «Gloria» y se han ido tras la mentira: son idólatras. Los amigos de antaño dudan de la eficacia divina, y el orante se ve reducido a la aflicción. Pues bien, Dios le ha sacado del aprieto, como hizo en otro tiempo con su pueblo oprimido en Egipto (cfr. Éx 9,4; 11,7). Por otra parte, la alegría interna es más profunda que la que puede proporcionar una buena cosecha (8). De ambas experiencias surge la confianza, y el orante invita a los «señores» a llorar sus desvaríos (5) y a los amigos a confiar en Dios (9). Es posible la confianza e incluso el gozo en la tribulación (cfr. 2 Cor 7,4; Gál 5,22; 1 Tes 1,6).


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