Salmos
Capítulo 120
1
Lamentación confiada del justo
En mi angustia clamé al Señor
y él me respondió.
2
Señor, líbrame del labio mentiroso, de la lengua embustera.
3
¿Qué te dará y qué te añadirá, lengua embustera?
4
–Flechas de arquero afiladas y brasas de retama.
5
¡Ay de mí, emigrado cerca de Masac, acampado junto a las tiendas de Cadar!
6
Habito demasiado cerca de quien odia la paz.
7
Yo, ¡cómo proclamo la paz! ¡y ellos prefieren la guerra!

Comentarios
Lamentación confiada del justo
Esta súplica individual, con la que se inicia la serie de «cánticos de las subidas» (120–135), nos presenta al salmista –al pueblo– lejos de su tierra, como emigrante entre gente bárbara y belicosa. Masac es un pueblo mercader (cfr. Ez 27, 13) y Cadar comercia con ganado menor. No sabemos si el destierro es real o ficticio. En todo caso, es gente violenta, tanto de palabra (2s) como de obra (7). El orante clama desde la angustia del destierro (1). El Dios invocado librará al suplicante y dará a los opresores su merecido (3s). Existen la bienaventuranza dirigida a los pacíficos (Mt 5,9) y el saludo y despedida de Jesús: «La paz os dejo, mi paz os doy» (Jn 14,27). La paz entre los hermanos es recomendada por Rom 12,18; 1 Cor 7,15; 2 Cor 13,11; Heb 12,14, etc. Es un buen salmo para orar con él en los momentos de los movimientos migratorios.