1

Oración por la casa de David

Tenle en cuenta, Señor, a David todos sus afanes,

2

cuando prometió al Señor e hizo voto al Defensor de Jacob:

3

No entraré en la tienda, en mi casa, ni subiré al lecho de mi descanso;

4

no concederé sueño a mis ojos ni descanso a mis párpados,

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hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Defensor de Jacob.

6

Miren: oímos que el arca estaba en Efrata, la encontramos en los campos del Yaar.

7

¡Entremos en su morada, postrémonos ante el estrado de sus pies.

8

¡Avanza, Señor, hacia tu reposo, ven con el arca de tu poder!

9

Que tus sacerdotes se vistan de gala y tus amigos canten alegres.

10

En atención a tu siervo David, no rechaces el rostro de tu Ungido.

11

El Señor juró a David una promesa que jamás revocará: Un fruto de tus entrañas pondré en tu trono.

12

Si tus hijos guardan mi alianza y los preceptos que les enseño, también sus hijos, por siempre, se sentarán en tu trono.

13

El Señor ha elegido a Sión, la quiere como residencia suya:

14

Ésta es mi mansión para siempre, aquí habitaré, porque la quiero.

15

Bendeciré generosamente sus provisiones y saciaré de pan a sus pobres.

16

Vestiré a sus sacerdotes de gala, y sus amigos cantarán alborozados.

17

Allí renovaré el poderío de David, prepararé una lámpara para mi Ungido.

18

Cubriré de ignominia a sus enemigos, mas sobre él brillará su diadema.

Comentarios

132:1 - 132:18

Oración por la casa de David

Este poema real, acaso de la época del Cronista, presenta un díptico en el que el poeta recrea el oráculo de Natán a David. Ambas tablas del díptico comienzan con un juramento: el juramento de David (1-5) y el juramento de Dios (11s). Un coro reacciona tras cada uno de esos juramentos (6s, 8-10, 13-18). Cada tabla del díptico finaliza con la mención de David ungido (10, 17s). La casa, en su doble acepción de morada y templo, y de dinastía, es el eje del salmo. No será David quien construya la casa/templo para que en él habite el paladín de Jacob (3-5), sino que será el Señor quien construya la casa/dinastía de David (11). El templo es impensable sin los sacerdotes ni el culto; es el lugar donde habita el Señor y al que acude el pueblo en las fiestas prescritas. En el templo se rendirá adoración al antiguo habitante del arca (7). Del templo, lugar elegido por el Señor (13), procede la bendición, que es fecundidad y vida (15). Los sacerdotes se visten de fiesta y el pueblo prorrumpe en aclamaciones gozosas (9, 16). La casa/dinastía de David tendrá futuro. Es un futuro incondicional para el primer sucesor (11b); un futuro condicionado para los sucesores siguientes (12). El poema, por el tiempo en que se compone, es una proyección del presente hacia el pasado fundacional. La sociedad del Cronista gira en torno al templo, al culto y al sacerdocio. El versículo 11 es citado en Hechos 2,30; el versículo 5, en el discurso de Esteban (cfr. Hechos 7,45-47). Este salmo se presta a asumir la realidad presente, sin olvidar que somos herederos de una historia santa. Oramos con este salmo en unión con el Ungido, que es a la vez el Sacerdote del nuevo templo edificado sobre la carne del Señor.


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