Proverbios
Capítulo 2
Discurso del maestro
Hijo mío, si aceptas mis palabras
y conservas mis mandatos,
escuchando a la sabiduría y prestando atención a la prudencia;
si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia;
si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro,
entonces comprenderás el respeto del Señor y alcanzarás el conocimiento de Dios.
Porque es el Señor quien da la sabiduría, de su boca proceden saber e inteligencia;
Él reserva su ayuda para los hombres rectos, es escudo para el de conducta intachable,
cuida el camino del derecho y custodia la senda de sus fieles.
Entonces comprenderás la justicia y el derecho, la rectitud y toda conducta buena,
porque entrará en tu mente la sabiduría y sentirás gusto en el saber,
la sagacidad te guardará, la prudencia te protegerá
para librarte del mal camino, del hombre que habla perversamente,
de los que abandonan el sendero recto para seguir caminos tenebrosos,
de los que gozan haciendo el mal y se alegran de la perversión,
siguen senderos torcidos y sendas extraviadas;
para librarte de la ramera, de la prostituta que halaga con sus palabras,
que abandonó al compañero de su juventud, olvidó la alianza de su Dios;
su casa se inclina hacia la muerte, sus sendas hacia el país de las sombras;
los que entran allí no retornan, no alcanzan las sendas de la vida.
Para que sigas el buen camino y te mantengas en sendas honradas,
porque los rectos habitarán la tierra y los íntegros permanecerán en ella;
mientras que los malvados serán expulsados de la tierra y los traidores serán arrancados de ella.

Comentarios
Primera colección.
Estos primeros nueve capítulos constituyen una especie de introducción a todo el libro, atribuida al redactor final de la obra.
Primera colección.
Estos primeros nueve capítulos constituyen una especie de introducción a todo el libro, atribuida al redactor final de la obra.
Discurso del maestro.
Este discurso revela varios elementos que nos llevan a concluir que, aunque la sabiduría pueda parecer fruto del esfuerzo humano, en realidad es un don otorgado por Dios. En la vida cotidiana, el sabio, como ser humano prudente y sagaz, debe mantener una actitud de discernimiento respecto de lo que es recto, justo y adecuado. Ese discernimiento tiene dos consecuencias prácticas: en primer lugar, nos libra del «mal camino», no se camina a tientas; en segundo lugar, nos libra de la ramera, de la prostituta, cuya figura se usa aquí para simbolizar el camino equivocado, el camino que no conduce a la vida. La llamada del maestro desemboca finalmente en una meditación práctica sobre la sabiduría: caminar por esta senda es caminar con Dios, y solo quien camina según el querer divino alarga sus años. Por tanto, la larga vida es, en la Biblia, una expresión de sabiduría. Se insiste en que esa sabiduría no es fruto del esfuerzo personal, sino un don de Dios del que el fiel debe apropiarse mediante la escucha de la Palabra y la práctica de los preceptos del Señor.
Discurso del maestro.
Este discurso revela varios elementos que nos llevan a concluir que, aunque la sabiduría pueda parecer fruto del esfuerzo humano, en realidad es un don otorgado por Dios. En la vida cotidiana, el sabio, como ser humano prudente y sagaz, debe mantener una actitud de discernimiento respecto de lo que es recto, justo y adecuado. Ese discernimiento tiene dos consecuencias prácticas: en primer lugar, nos libra del «mal camino», no se camina a tientas; en segundo lugar, nos libra de la ramera, de la prostituta, cuya figura se usa aquí para simbolizar el camino equivocado, el camino que no conduce a la vida. La llamada del maestro desemboca finalmente en una meditación práctica sobre la sabiduría: caminar por esta senda es caminar con Dios, y solo quien camina según el querer divino alarga sus años. Por tanto, la larga vida es, en la Biblia, una expresión de sabiduría. Se insiste en que esa sabiduría no es fruto del esfuerzo personal, sino un don de Dios del que el fiel debe apropiarse mediante la escucha de la Palabra y la práctica de los preceptos del Señor.