VIGÉSIMO DOMINGO EN TIEMPO ORDINARIO – AÑO A
Mateo 15,21-28
Un buen domingo para todos.
Sabemos cómo florece el amor. Las relaciones amorosas comienzan con simpatía recíproca, algunas atenciones concretas, pero se convierten en compromiso cuando hay una declaración de amor y luego en un compromiso de fidelidad mutua. La Biblia nos cuenta la historia de amor entre Dios e Israel y también nos cuenta la conmovedora declaración de amor que Dios hizo a este pueblo y que puso en la boca de Moisés: “Si el Señor se enamoró de ustedes y los eligió no fue por ser ustedes más numerosos que los demás, porque son el pueblo más pequeño, sino que por puro amor a ustedes” (Deut 7,7-8).
Lo decimos también nosotros, que no se puede gobernar al corazón, y al corazón de Dios le gustan los débiles, los pequeños, los más frágiles, y es de éstos de quienes se enamora.¿Cómo experimentó Israel esta predilección del Señor que los eligió? Comprendió que debía ser diferente de los demás pueblos, que debía comportarse de manera que fuera agradable a su Dios y, de hecho, se comportará de forma diferente.
Desde el punto de vista religioso, Israel había ligado su corazón al Señor, único Dios, ysabía que era un Dios celoso. La Biblia lo repite continuamente: עָנִי אֶלְקָנָה (ani Elqānâ), que se traduce como “soy celoso”. Y por eso Israel aborrecía a todos los ídolos paganos. A ningún israelita se le ocurría poner atención en algún ídolo porque estaba enamorado de su Dios y su Dios era celoso
Los judíos también se diferenciaban por su vida moral, especialmente en el campo sexual. Al contrario de la corrupción moral de la sociedad grecorromana que bien conocemos (baste acudir a la literatura…), eran muy estrictos. El miedo a contaminarse con otros pueblos los había llevado a vivir incluso socialmente apartados, a sentirse superiores y a considerar impuros a los demás. Y esto no les hacía ciertamente simpáticos. En el capítulo 5 de la Historia de Tácito, donde habla extensamente de las costumbres de los judíos y especialmente de su aislacionismo, se les llama incluso “enemigos de la humanidad”.Juvenal, en sus sátiras, aconseja no fiarse de los judíos porque, si les preguntas la dirección de un determinado camino o tienes sed y le preguntas dónde hay una fuente, si se lo preguntas a un judío, no te lo dirá o te llevará por mal camino.
Esta era la antipatía que se cultivaba en el mundo grecorromano contra los israelitas por su aislacionismo. Y Jesús había crecido respirando desde su infancia esta mentalidad aislacionista; estaba familiarizado con el lenguaje utilizado por su pueblo en referencia a los paganos y con los epítetos con que se burlaban de ellos. Les llamaban perros y también decían que “los paganos son como los perros porque no están circuncidados.”
¿Por qué estaban tan cerrados en este aislacionismo? ¿Quería Dios que estuvieran tan separados de otros pueblos? No; lo habían inventado ellos porque no alcanzaron a comprender la razón por la que el Señor los había elegido. Israel había sido elegido para llevar a cabo una misión: llevar las bendiciones que Dios había derramado sobre Abrahán y sus hijos a los pueblos del mundo. De hecho, el profeta Isaías lo dice en el capítulo 42. El Señor dice a este pueblo: “Tú eres mi siervo, mi elegido, en quien yo me complazco. Tú llevarás la ley a todas las naciones”. Esta es la tarea de Israel. Desgraciadamente, en vez de sentirse elegido para servir a los paganos, Israel se sintió elegido contra los paganos; este fue el error.
Jesús pronto se liberó de esa herencia cultural que inevitablemente asimiló desde pequeño porque creció en ese mundo, en esa mentalidad. Se liberó de sus compatriotas cuando cambió de residencia y se fue a Cafarnaún, que era un pueblo de semi-paganos. Y allí comenzó a realizar milagros, curaciones, llevando la salvación a esa gente. Cuando regresó a Nazaret, le atacaron en la Sinagoga y él se justificó citando al profeta Elías ―que no había traído la Salvación a las viudas de su pueblo sino a una viuda de Sarepta de Sidón, es decir, a una extranjera― y recordando también que Eliseo, habiendo muchos leprosos en Israel, había curado de la lepra a Naamán, un comandante del ejército sirio de Damasco, un enemigo.
Ahora Jesús debe formar a sus discípulos, quienes tendrán que anunciar el Evangelio atodo el mundo, a todos los pueblos, a todas las naciones, a todas las culturas, a todas laslenguas… Pero estos Doce están imbuidos de la mentalidad aislacionista de su pueblo. Por eso Jesús los debe llevar a abrir el corazón y abrazar la universalidad.
¿Qué hizo entonces para liberarlos de estas cerrazones mentales? Un día, decidió dejarles respirar un poco de aire nuevo y sacarlos de la tierra de Israel para llevarlos al mundo pagano. Escuchemos:
Saliendo de Genesaret, Jesús se fue a la región de Tiro y Sidón.
La decisión de salir de la tierra de Israel y hacer un viaje a la tierra pagana fue tomada por Jesús tras la acalorada disputa que mantuvo con una delegación de escribas y fariseos enviada por la autoridad central de Jerusalén. Bajaron a Cafarnaún para llamarle a filas porque les había llegado la noticia de que descuidaba las purificaciones rituales antes de las comidas. Una acusación ridícula y sin sentido para Jesús, pero muy grave para la autoridad central religiosa de Jerusalén.
Igual que los profetas, Jesús no soportaba la hipocresía religiosa de quienes sustituyen la palabra de Dios, la práctica de justicia, el amor al bien y a la vida del hombre, con observancias externas inventadas por los hombres y transmitidas por la tradición. La hipocresía religiosa indignaba realmente a Jesús.
De hecho, Mateo relata su respuesta a estos guardianes de las tradiciones sin sentido, y fue tan dura que los discípulos se sintieron avergonzados ante la franqueza de su Maestro y cuando volvieron a la casa le dijeron: “Ten cuidado cuando hables. Mira que los fariseos se sintieron decepcionados e incluso escandalizados por lo que has dicho”. Jesús los interrumpió inmediatamente: “Déjenlos; son ciegos y guías de ciegos”. Pedro, probablemente también en nombre de los demás, tuvo la desafortunada idea de insistir en el tema y en este punto Jesús no pudo aguantar más y le replicó molesto: “Pero ¿de verdad son tan tontos? (Los llamó Ἀσύνετοί (asunetoi), “gente sin cabeza”.) “¿No ven que no es lo que entra sino lo que sale del hombre lo que contamina? No es la comida que entra sino lo que sale del corazón lo que contamina a la persona: adulterios, asesinatos, prostituciones, robos… Estas son las cosas que hacen impuro al hombre”.
Y, en este momento, Jesús siente la necesidad de sacar a los discípulos de este mundo para darles una experiencia en el mundo pagano; por eso los lleva a Tiro y Sidón. Escuchemos con quién se encuentra:
Una mujer cananea de la zona salió gritando: “¡Señor, Hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija es atormentada por un demonio”.
“Mi hija―dice esta madre a Jesús― tiene un demonio” (en griego, κακῶςδαιμονίζεται, kakós daimonizetai, que literalmente significa: “la poseída hace el mal”).¿Qué hacía esta muchacha? En aquel tiempo en todo el mundo grecorromano, y también en Israel, cuando veían a una persona actuar de forma extraña, cuando actuaba de forma irresponsable y parecía estar movida por una fuerza negativa que la inducía a hacerse el mal a sí misma y a los demás, decían que estaba movida por un demonio. No tiene nada que ver con Satanás, con los diablos, no. Se trata de una fuerza negativa que está dentro de esta persona porque no es ella; se trataba, por supuesto, de enfermedades que Jesús tenía el poder de curar y que a menudo curaba.
Cuando los evangelistas relatan estas curaciones realizadas por Jesús, no sólo pretenden contarnos un episodio concreto, una curación realizada por él; siempre quieren cargar estos episodios con un mensaje para nosotros. Estas maravillas que Jesús realizó son siempre un símbolo de lo que produce su Palabra, el Evangelio. Donde llega Jesús con su Palabra,siempre ocurre algo extraordinario, cambios, curaciones.
¿Qué quiere decir el evangelista con la curación de esta muchacha? ¿A quién representa?Para el evangelista, esta muchacha es la imagen de la humanidad pagana que Jesús encuentra,porque es la primera vez que sale de Israel. ¿Y con quién tiene que tratar? Con una humanidad movida por espíritus malignos. ¿Qué hacen estos demonios? Pueden llevarles a hacer atrocidades, asesinatos, guerras, adulterios, robos, libertinaje. Ésta es la humanidad pagana que aún no se ha encontrado con Cristo y su Evangelio y, si estas cosas suceden, ysuceden como sabemos, significa que a nuestra humanidad aún no ha venido Cristo con su Palabra.
Ahora nos detenemos ante la humanidad que Jesús encontró en Tiro y Sidón. Preguntémonos qué espíritus mueven hoy a nuestra humanidad ¿el espíritu de Cristo o el demonio del dinero es el que lleva a morir de hambre a pueblos enteros? Es el demonio del orgullo, del ansia de poder, que conduce a las guerras… Es ese demonio que impulsa a buscar el éxito y el placer a cualquier precio. Si estas cosas ocurren, significa que no es el espíritu de Cristo sino estos demonios los que necesitan ser expulsados por la venida de Cristo y su Evangelio.
¿Qué hacer? Veremos la elección que nos da esta mujer aquí. Lo primero que hace es tomar conciencia de la necesidad de encontrar al que pueda sanarla. También los cristianos necesitamos tomar conciencia de que, la humanidad de hoy, que sabemos movida por demonios, necesita encontrarse con Cristo y su Evangelio. No debemos resignarnos sino hacer como hizo esta madre. Debemos buscar, como ella, desesperadamente, al sanador. De hecho, ella reconoce en Jesús de Nazaret al Salvador, al Mesías. No otros mesías que se presentan como salvadores del mundo. Sepamos reconocer, como hizo esta mujer, al verdadero Salvador. De hecho, ella le llama “Señor, Hijo de David”. Siente que sólo su Palabra puede expulsar a este demonio de su hija.
En este punto esperaríamos que Jesús se movilizara para ir a ver a la muchacha, pero en cambio se introduce un diálogo. Escuchemos la reacción de Jesús ante la petición de esta mujer:
Jesús no respondió una palabra. Se acercaron los discípulos y le suplicaron: “Señor, despídela, para que no siga gritando detrás de nosotros”.
La primera reacción de Jesús es un silencio indiferente. No le responde, y es extrañoporque Jesús nunca reaccionaba así cuando se enfrentaba a quienes le pedían ayuda. Pero aquí, en cambio, parece que quiere desinteresarse de esta mujer. En el simbolismo del evangelista, parece que Jesús quiere desinteresarse del mundo pagano, no tener nada que ver con las necesidades de esta humanidad necesitada de ayuda. De hecho, así es como sus discípulos interpretan su silencio. Ellos se acercan a él y le dicen: “Atiéndela”. Pero el sentido de su pedido, de acuerdo al texto griego que dice Ἀπόλυσον (apólison), es el opuesto: “Despídela”. Los discípulos se acercan a Jesús y le dicen: “Échala fuera; no perdamos el tiempo con esta gente impura”. Qué hermoso sería, para ellos, el mundo si no existieran esos paganos impuros….
Con su silencio, Jesús consiguió sacar de los corazones de sus discípulos el desprecio que albergaban hacia los paganos. Y ahora necesita curarlos porque ¿cómo irán estos Doce a proclamar el Evangelio a todo el mundo necesitado de ser curado de los demonios que llevan a hacer malas acciones? ¿Cómo podrán proclamar el Evangelio si no quieren curar a lospaganos? He aquí la razón por la que Jesús quiere ahora liberarlos de esta mentalidad. Escuchemos cómo explica su silencio:
Él contestó: “¡He sido enviado solamente a las ovejas perdidas de la Casa de Israel!”
Vaya sorpresa; aquí Jesús parece compartir la convicción de sus discípulos. Le dice a la mujer: “Debo ocuparme de los problemas de mi pueblo”. ¿Por qué habla así? En Nazaret se le acusaba de comportarse justo por lo contrario, es decir, de interesarse por esos semi paganos de Cafarnaúm. Jesús tiene un objetivo; poco a poco quiere llevar a sus discípulos a rechazar esta forma de considerar a los paganos. Y entonces ¿qué hace? Parte de sus posiciones, encarna su forma de pensar y juzgar, se comporta como un perfecto israelita, leal a las tradiciones. Será al final cuando sacará la conclusión para sus discípulos.
La mujer no se resigna, continúa en su grito de auxilio; su petición representa el grito de toda la humanidad de hoy, todavía pagana, que nos rodea y que espera de nosotros escuchar la Palabra que salva, que libera de los demonios que la deshumanizan, la palabra del Evangelio. Esta humanidad está tan endemoniada, y lo sabemos, que ni siquiera somos capaces de escuchar su petición, pero nuestra sensibilidad debe hacernos atentos a su necesidad. No repitamos, como los discípulos, Ἀπόλυσον (apólizón), “échala fuera, que se arregle”. No, esta humanidad necesita ayuda. Escuchemos este grito, y escuchemos ahora lo que pide la mujer:
Pero ella se acercó y se postró ante él diciendo: “¡Señor, ayúdame!” Él respondió: “No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Ella replicó: “Es verdad, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños”.
La contraposición “hijos–perros” es realmente fuerte y nos avergüenza especialmente cuando la oímos de boca de Jesús. De hecho, en nuestras traducciones sustituimos ‘perros’por ‘perritos’, pero en griego “perrito” se dice cunidion y aquí no dice cunidion sinoκυνάρια (cunaria) tal como se llama al “perro doméstico”. Por tanto, debemos interpretar la oposición “hijos–perros” en su sentido original.
Probablemente, nosotros hubiéramos reaccionado con resentimiento ante estas palabras; son ofensivas. Hubiéramos dicho: “Me quedo con mi enfermedad pero que no me ofendan”,y nos hubiéramos ido. La mujer, no. La mujer es muy inteligente; acepta la imagen de los perros y la desarrolla, la lleva adelante diciendo: “Es verdad, la gente prepara comida para sus hijos y no para los perros, pero también caen algunas migas de pan de la mesa y estas migajas son suficientes”.
El mensaje que podemos extraer de la respuesta de esta mujer es precioso para nuestra situación actual. Para nosotros, que creemos tan poco en los efectos prodigiosos de la Palabra, y por eso nos cuesta tanto entender que bastan unas migajas del Evangelio aceptadas con fe para ver transformaciones extraordinarias en nuestras vidas, en nuestra sociedad, tan pagana.
Nos queda el interrogante sobre esta vergonzosa respuesta de Jesús. Preguntémonos: ¿Aquién habla Jesús? La respuesta es clara; está hablando a la mujer, es cierto. Pero, si examinamos lo que dice, comprendemos inmediatamente que a quien quiere transmitir el mensaje es a sus discípulos.
De hecho, él está hablando de pan. ¿Qué entiende la mujer de esta metáfora del pan? Ella vino a pedir la curación, no a pedir pan. Los que entienden la metáfora del pan son los discípulos de Jesús, que conocen muy bien las Escrituras. Saben que existe la sabiduría de Dios, la palabra de Dios, que se presenta como pan que alimenta la vida: “No sólo de pan material vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, dice el Deuteronomio. Y conocen muy bien este texto. Y conocen el capítulo 9 del libro de los Proverbios donde Dios prepara un banquete de sabiduría y dice: “Vengan, coman mi pan, abandonen la necedad y tendrán vida”.
Esta palabra de Dios es el alimento para una vida verdaderamente humana. Pero ¿quiénentiende esta metáfora, esta imagen? No la mujer sino los discípulos. Jesús prosigue el discurso precisamente para que los discípulos escuchen la respuesta de la mujer. Se trata del pan de la palabra de Dios, el pan de su Evangelio. La mujer quiere decir: “Es verdad que el pan estaba preparado para los israelitas… Pero bastan unas migajas para transformarnos también a nosotros, paganos; para curarnos de los demonios que nos llevan a una vida inhumana”.
Cuando Jesús envió a sus discípulos, les dijo: “No vayan a los paganos; diríjanse a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Era la pedagogía de Dios, que había elegido a Israel para que se alimentara por su Palabra y luego fuera el anunciador de esta Palabra y de esta salvación a los gentiles. Este era el mensaje que Jesús quería comunicar a sus discípulos y se los hizo llegar por la respuesta de la mujer a su provocación.
Ahora Jesús se dirige a la mujer pero el objetivo es siempre enseñar una lección a sus discípulos. Escuchemos:
Entonces Jesús le contestó: “Mujer, ¡qué fe tan grande tienes! Que se cumplan tus deseos”. Y en aquel momento, su hija quedó sana.
Jesús está educando a sus discípulos pero no les habla a ellos; se dirige a la mujer y le dice: “Grande es tu fe”. Es decir, antepone la fe de esta mujer a la de sus discípulos. El domingo pasado escuchamos que Jesús se dirigía a Pedro diciéndole: “Hombre de poca fe.”Él, el primero de los apóstoles, un judío, tiene poca fe; en cambio, esta mujer pagana tiene una gran fe.
Preguntémonos en qué consiste la grandeza de la fe de esta mujer. En primer lugar,comprendió, antes que los discípulos, la verdad más importante: en el corazón de Dios no hay gente de primera y de segunda categoría; no hay hijos y perros, todos son hijos e hijas del mismo Padre. Por tanto, los israelitas, los hijos de Abrahán, como otros que pertenecen a diferentes culturas, a diferentes religiones, a diferentes naciones, todos son hijos e hijas del mismo Padre; de él reciben todos el mismo alimento.
Pedro y los demás discípulos tardarán mucho tiempo en comprender esta verdad que, en cambio, la mujer comprendió inmediatamente. Pedro la comprenderá unos años más tarde cuando, en oración, en Cesarea, se le presente esa iluminación a través de la imagen de ese gran mantel donde hay animales puros e impuros y Dios le diga que no hay distinción entreellos, que todos son puros porque son criaturas de Dios. Y si son puros los animales, no cabe hacer distinción entre gente pura e impura. Todos son hijos del mismo Dios. De hecho Pedro irá a Cesarea y bautizará al primer pagano, Cornelio. Pero, cuando regrese a Jerusalén, los otros discípulos le reprenderán severamente. Le dirán: “Pedro, ¿qué has hecho? Has entrado en la casa de un hombre impuro”. Y Pedro responderá que recibió el mismo Espíritu que hemos recibido nosotros.
Les llevará mucho tiempo a los discípulos llegar a tener la misma fe que esta mujer en el amor incondicional de Dios. Además, esta mujer comprendió antes que los discípulos el prodigioso poder del Evangelio hasta el punto de que unas migajas bastaban para expulsar a esos demonios de la sociedad pagana en la que ella vivía y en la que también vivimosnosotros hoy. Y también comprendió antes que los discípulos la pedagogía de Dios: primerofueron alimentados los israelitas, pero no para guardar para sí este pan de salvación sino para compartirlo después con los pueblos paganos.
Una última observación que quiero hacer a este texto. El prodigio no fue realizado por un milagro de Jesús sino por la fe de esta mujer. Fue la mujer, aceptando la Palabra del Maestro con fe, quien obtuvo el prodigio de que el demonio se alejara de su hija. Es la imagen misma del Evangelio que entra en una sociedad movida por muchos demonios. Cuando entra, estos demonios desaparecen. Desaparecen cuando se reciben siquiera unas migajas del Evangelio.
Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.
